¿Conoce usted a monsieur Nicolas Bourbaki?
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Bourbaki24 de marzo de 2015

- Lecturas para cerebros raros -

Alguna ocasión me platicó un amigo matemático, que durante su estancia en el famoso Instituto Internacional de Física Teórica, en Trieste, Italia, los miércoles salían a vagar por las tranquilas calles, los internos del hospital psiquiátrico de la ciudad. Estos personajes pacíficos, a menudo se introducían en las conferencias a cuál más abstracta que se dictan en el Instituto. Los pacientes conocían bien todos los rincones y hasta el personal académico y administrativo los saludaba cordialmente; por su plática y aspecto bien daban la finta de pertenecer al selecto grupo de sabios que no paraban de discutir en los pasillos y salones. Sólo al cabo de algunas horas, poco a poco, los matemáticos caían en la cuenta de que algo “no andaba bien” con algunos asistentes, cuyas ideas no coincidían del todo con el hilo de la discusión.

Al caer la noche, los extraños visitantes desaparecían y hasta el siguiente miércoles, súbitamente, el ritual comenzaba de nueva cuenta. Los organizadores y directivos, entre ellos el Premio Nobel Abdul Salam, sabedores de las terapias del hospital seguían la broma y al fin todos reían de buena gana. En realidad entre los sabios y los pacientes no había diferencia apreciable, ya fuera en el vestir o la expresión, incluso, se preguntaban unos a otros, en broma y en serio, quiénes deberían estar en el Instituto y quiénes en el hospital. Y es que en general, los matemáticos suelen ser personas adustas y poco dadas a bromas, aunque la fina ironía siempre es una espada filosa de la cual hacen uso con singular alegría.

No obstante esa imagen de sobriedad, en el Parnaso matemático aparecen de cuando en cuando, bromistas verdaderamente notables, que contradicen aquella imagen de seriedad ambigua del que se divierte con los símbolos y los números. Una de las más famosas bromas y sin duda la más fructífera, la realizaron algunos matemáticos franceses encabezados por André Weil. Bajo el ingenio de Weil un pequeño grupo decidió por los años treinta, asentar la matemática sobre bases axiomáticas firmes.

Estos profesores del más alto rango, pero con sutil sentido del humor, veían con creciente angustia, que la ciencia de sus amores se desvanecía en vaguedades y discusiones bizantinas, que no conducían a ningún camino. La matemática que proponían debía ser no sólo comprensible, también objeto de discusión y enseñanza creativas. Con firme convicción de seguir la tradición bromista de la famosa École Normale Supérieure de París, los matemáticos Henri Cartán, Jean Delsarte, Jean Diudonné y el propio Weil decidieron publicar bajo seudónimo, una serie de obras que pusieran en claro plenamente, la confusión que reinaba en la formalización matemática, y despejar la polvareda levantada pocos años antes con la obra de Hilbert, Russell, Frege y Whitehead.

Reunidos en París, Weil y secuaces, idearon toda un personaje para su obra y darle así, un tinte de veracidad. Crearon una identidad que confundió a muchos y mantuvo anónimos a los verdaderos autores.De esta manera, el grupo adoptó el nombre de “Nicolas Bourbaki” al que se adjudicó la autoría de una impresionante cantidad de obras, amparadas por “Les Publications del l´Institut Mathématique de l´Université de Nancago” y miembro de la prestigiada “Real Academia Poldava” ambas instituciones, por supuesto inexistentes. Los miembros de Bourbaki llevaban una vida doble, por un lado, eran los mejores y serios profesores en sus universidades en la venerable Francia, por otro, cada mes se reunían en París a degustar las mejores comidas y vinos. Bourbaki despertó de inmediato un interés arrollador entre el mundillo matemático.

La seriedad y rigor expuesto en los adustos y horribles cuadernos Bourbaki, han sido una fuente inagotable de descubrimientos de objetos y teorías matemáticas como ninguna otra publicación de su genero, lo ha hecho en la historia de la ciencia. Bourbaki aun existe, la componen diez miembros ya que una regla rigurosa obliga el retiro al cumplir 50 años.

La manera de trabajo de la Sociedad Bourbaki es extraña: uno de los miembros escribe un libro completo de su especialidad; una vez terminado, lo expone a los demás miembros, previa degustación –por supuesto- de los mejores vinos franceses. Ya entrados en calor, la discusión se desarrolla literalmente a gritos, a tres o cuatro voces, más de una de ellas bastante estropajosa según lo expuso un matemático invitado. “No comprendo, dice asombrado, que entre tantos gritos, salga algo medianamente inteligente, pero extrañamente sale”. El autor acepta casi sin oponer resistencia y corrige el escrito.

Algunos cuadernos Bourbaki han sido corregidos ocho ocasiones, pero una vez aceptado se publica de inmediato para regocijo de otros chiflados regados por todo el mundo, que tienden a emplear años en aprender y comprender los finos contenidos del feo cuaderno de cubierta gris. Bourbaki es una de las más apasionantes bromas cuyos frutos han impactado profundamente el pensamiento matemático del siglo XX. Hoy día, ningún matemático que se precie de serlo, ha dejado de devanarse los sesos con la lectura de un cuaderno Bourbaki.
Sí, ya lo dijo un filosofo: “la locura es la matriz de la sabiduría...”

alejandro rivera perezAlejandro Rivera Domínguez (Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.) es director de la Estación de Satélites Kosmos Puebla.

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