La Educación… será Científica, etc.
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03 de febrero de 2015

- La Historia Jamás Contada -

Lo sucedido hace unos días en Cuajimalpa, como tantas otras cosas semejantes en la Historia moderna del país, pone trágicamente en evidencia la falta de un pensamiento científico entre la gente. No el especializado de profesionales y estudiantes asociados trabajando en Universidades e instituciones afines, sino una manera de pensar que sea: a) lógica y b) fundada en hechos comprobables. Así lo ordena el artículo constitucional pero… ¿se cumple?.

Cuando fue redactado, el concepto correspondía a la “ciencia positiva” (Comte) que se suponía estaba en los libros y podía verificarse en las estaciones experimentales escolares. Es el mismo que prevalece hasta hoy en la llamada “divulgación científica” tanto oficial como oficiosa, insuficiente y en gran medida inaplicable a la vida cotidiana por estar sujeta a cierto estereotipo de “ciencia” y la incapacidad intrínseca de la mayoría para emplearla en su provecho.

niñosUna educación científica eficaz sería la que arraigara en el educando el hábito de abordar las distintas situaciones como otros tantos problemas a resolver, comenzando por describirlas con suficiente precisión y detalle para determinar a cuál(es) área(s) del saber o quehacer humano pertenecen y pasar enseguida a construir un modelo teórico apropiado para entenderlas –y eventualmente solucionarlas- apoyándose en los conocimientos científicos y técnicos, teóricos y prácticos disponibles. (Un curioso y antiguo documental norteamericano mostraba la singular escuela profesional dirigida por la viuda del renombrado arquitecto autodidacta Frank Lloyd Wright en pleno desierto, donde los recién llegados elegían un pedazo de tierra y construían ahí su habitáculo como podían. Una vez “instalados” entraban a clases: para entonces ya sabían qué conocimientos necesitaban.)

El gran obstáculo para contar con una educación científica, es la actitud burocrática –pero no exclusiva de los burócratas- de suponer que alguien ya tiene la solución y sólo queda esperar que aparezca por el horizonte. Esto conduce literalmente a nada. Somos un pueblo ingenioso pero no científico: en nuestra élite intelectual hay más literatos que otra cosa, cuando debiera haber una distribución más equilibrada, con una buena parte dedicada a plantearse y resolver problemas cotidianos.

¿Qué queda por hacer? Algo así: en temporada de lluvias es común que se inunden las partes bajas y más si son aledañas a ríos o incluso lechos secos de ellos. Muchos construyen ahí sus viviendas, con las consecuencias previsibles. Si desde el Jardín de Niños se demostrara en el tanque de arena el comportamiento del agua al verterse sobre un terreno en declive y sus efectos en casitas y otras miniaturas que encontrara a su paso, seguramente los presentes serían en adelante sensibles a las recomendaciones de Protección Civil, pues así de fácil ya estarían pensando en términos científicos, en este caso de la Física. Lo mismo en cuanto a electricidad, gas, fuego y todo lo que regularmente usamos sin conocer su naturaleza y alcance, que exigen determinadas condiciones y precauciones.

¿Será demasiado pedir a la Secretaría de Educación incluir programas de enseñanza obligatorios que formen estos hábitos de PENSAMIENTO CIENTÍFICO?

Fernando Acosta_ReyesFernando Acosta Reyes (@ferstarey - Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.) es fundador de la Sociedad Investigadora de lo Extraño (SIDLE), músico profesional y estudioso de los comportamientos sociales.

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