9 de diciembre de 2016

Hace unos 20 años llegó a su auge una tendencia en el empleo del tiempo libre conocida como PERSONAL GROWTH, consistente en aprovecharlo para completar o, cuando menos, reanudar proyectos personales interrumpidos indefinidamente a causa de necesidades apremiantes del momento o simplemente actividades que se consideraban significativas pero terminaron no siéndolo.

Entre éstas se encuentran tanto las “obligadas” de la cultura de masas –para estar a la moda- como las de aparente trascendencia social -elecciones, religión o filantropía-pero que resultaron decepcionantes o imposibles de consumar aún con las mejores intenciones, es decir, perdieron su atractivo al arribar el individuo a la madurez.

También por la época, de extrema incertidumbre respecto al curso de los acontecimientos –como la actual-, en la que sólo eran posibles dos alternativas: perderse entre la masa inconsciente y su cultura, o hacerse responsable de lo que sí es posible mantener bajo control: uno mismo.

Pero he aquí que para esto no hay reglas infalibles procedentes del exterior, pues nadie conoce a cabalidad lo que es, puede (llegar a) ser o terminará siendo otro o incluso él mismo, así que sólo queda comenzar a (auto)probarse en lo que alguna vez se consideró la propia vocación, ahora con la experiencia de cómo sortear las dificultades que surgirán inevitablemente. Y en este punto se inserta naturalmente el tema del Saber.

Todos quisimos saber algo específico en diferentes momentos de nuestra vida, que dejamos en eso –el deseo- por no contar en ese momento con las condiciones materiales, emocionales o culturales, o bien los medios y personas indicadas para lograrlo. (Lo que me trae a la memoria una anécdota sucedida en 1987 durante una Campaña Cultural de apoyo a un antiguo amigo de Secundaria, cuando al pasar una estudiante de Psicología por el local que habilité como “oficina de relaciones públicas” ahí mismo en la Escuela, al ver en el pizarrón el letrero ESPACIOS PARA LA CULTURA, se detuvo para entrar y preguntarnos a un amigo también artista y a mí, si era verdad que existían escuelas dónde aprender a tocar el Piano, algo que siempre había deseado.)

Y aquí reside el meollo de la cuestión: ¿Con qué accesos contamos a ese saber particular que intuimos nos enriquecerá la vida? ¿Dónde encontrar precisamente eso que nos falta para sentirnos plenos y realizados? Evidentemente no en el sistema escolar, con sus planes y programas estandarizados y su tramitología. Tampoco en cursillos y diplomados, sólo apéndices de una formación tradicional de suyo insatisfactoria. Es también el dilema de los promotores y difusores de la Cultura entre el saber académico –acartonado- y la cultura de masas.

Por eso, uno de los aspectos más loables del Proyecto Sabersinfin es la posibilidad de ensayarse como conocedor –conociente, consciente- sin tener que pasar por los filtros corporativos de las Instituciones tradicionales, un verdadero COLEGIO –que no es sinónimo de escuela- tanto presencial como virtual, donde tanto los performers como quienes nos favorecen con su atención al otro extremo de la Red, podemos compartir –incluso en persona, si así lo desean-, en un pie de igualdad, ese Saber trascendente, genuino, personal que viene de lo profundo de cada uno, un verdadero SABER ESOTÉRICO.

¡Felicidades a todos por los primeros 10 años de Sabersinfin!

Imagen: tools4teens.com

Fernando Acosta Reyes (@ferstarey - es fundador de la Sociedad Investigadora de lo Extraño, SIDLE), músico profesional y estudioso de los comportamientos sociales.