raymundo garcia.jpgMEGALOMANíA Y OBRA PÚBLICA

Por: Raymundo García García*

19 feb 2009

 La obra pública es el mejor instrumento para que  el gobierno en sus distintos niveles: federal estatal o municipal,  puedan impulsar la transformación de una sociedad y buscar con ello el bien común, o el bienestar social, o la justicia social según sea el origen partidario de los gobernantes.

 

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En la construcción moderna del México del siglo XX, y después de la revolución, fue el gobierno federal como encarnación del Estado, el actor principal en la construcción de la infraestructura nacional  para aterrizar los anhelos del movimiento armado transformando al conjunto social; así se  entienda la construcción de obras encaminadas a satisfacer a amplios sectores de la población en la creación de instituciones de banca  e desarrollo, y de manera particular en materia de obra pública la creación de infraestructura carretera, presas, puentes, etc. Obras muy alejadas de la satisfacción del ego personal.

 

Sin embargo una vez que las bases del sistema político mexicano durante el cardenismo, que operó medio siglo casi de forma prefecta, la obra pública se convirtió en instrumento de satisfacción personalista del gobernante en turno, buscando alguna decisión que lo inmortalizara, más allá de su corto y limitado periodo de mandato legal.¸ así, en el avilacamachismo  la  construcción de la plaza México, inicia  una era  de caprichos personales. Que con el paso del tiempo la obra se justifica, es cierto  y falso, unas resisten la crítica otras no. Ese  fenómeno impulsado a  nivel nacional se reproduce en los estados. En Puebla tenemos muchos ejemplos en el pasado reciente: el programa regional Angelópolis y toda la parafernalia a su alrededor; el malogrado proyecto Millenium; y ahora los medios atraen temas como: la célula, el centro expositor   de calidad mundial; y otros  proyectos megalomaniacos y faraonescos. Que buscan ansiosamente el camino de la trascendencia que se niega a llegar.

 

Obras que aparte de justificarse y legitimarse por diversas vías,  lo último que les interesa son los beneficios generales  que produzcan a la mayoría de la población. En el campo municipal se reproduce la misma mezquindad e ineficiencia. Desde el municipio metropolitano hasta el más abandonado, trienio tras trienio, siempre se considera mejorar el centro, el zócalo. Así zócalos y centros históricos o ahistóricos, han consumido y consumen cantidades millonarias de recursos, sólo para satisfacer una enfermedad megalomaniáca de los presidentes municipales, que de pronto se consideran dueños del rancho por tres años. Con un actor que como candidato se vendió como una persona que en mente tenía soluciones, y en el transcurso del primer año de gobierno muy a pesar de que la ciudadanía otorgue importante calificación; la realidad del trabajo deja mucho que desear, y en materia de obra pública se nota la mayor deficiencia.

 

Nula obra pública en el primer año de gobierno, ah, eso sí, un regular mantenimiento del circuito medio formado por las avenidas de las Torres y Vicente Suárez. Pero el mantenimiento de la infraestructura urbana es una obligación cotidiana de la autoridad municipal, su obligación es mantener y prestar los servicios públicos municipales, pero también hacer obra pública nueva y esa es casi nula en el primer año del gobierno municipal en la capital poblana donde lo cotidiano ha sido el anuncio mentiroso de acciones inexistentes o ineficientes, a saber: luminarias reparados que al día siguiente dejan de funcionar –avenida Xonacatepec-, inauguración de alumbrado que al día siguiente deja de operar – avenida municipio libre-. Pavimento de calles programas que no inician o sólo se aplica un programa de control de reclamo social –guarniciones y baquetas asignadas a compañías de baja productividad que para hacer 300 metros requieren dos a tres mese –colonias la Loma, del Valle, entre otras. La obra pública de ornato y de mantenimiento costoso, en tiempos de crisis, es el peor desperdicio que se hace de los recursos escasos, eso es una actitud en contra del pueblo y de soluciones equivocadas.

 

*Raymundo García García es mexicano, catedrático, investigador y doctor en Ciencia Política.

 

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