Minuto a Minuto

RADIO Sabersinfin.com

21 de agosto de 2017

Quizá los poetas somos almas intemporales que pueden vivirse en presente, aunque viajemos al pasado y visitemos el futuro. 

Somos como eternos enamorados, los siempre niños. 

Podemos resentir las más bellas sensaciones y decorar un instante con la mirada perdida en su esencia. 

Normalmente viajamos al interior de las almas, las besamos, las olemos, las tocamos y también les escurrimos anhelos. 

Nos sabemos libres e irretenibles, blandos y esponjosos cuando nos leen recostados en nuestros versos. 

Somos como la mecedora del abuelo que refleja su paz y el tiempo. Nos mecemos en ella, aunque sea antaña y esté abandonada.

No dejamos de amar aunque ya no nos amen. No olvidamos a los que nos han olvidado. Lloramos por la nada y de la nada salimos llenos. Somos tan descalzos como los vellos del brazo cuando se erectan por la provocación de un escalofrió. 

Nuestras glándulas salivales y gustativas siempre están activas, porque todo nos sabe; nos sabe a poesía, a intento, a beso, a hotel, a sexo. Nos sabe a la vida, como a chicle de canela: picante, caliente con olor a madera. 

Hacemos el amor en la regadera cuando se nos escapa la razón mirando sin mirar. Las nubes nos emboban y nos montamos en los caracoles para andar su tiempo. 

Es cierto somos locos, pobres, inestables, viajeros, ilusos, soñadores, a veces nos llaman perdedores y mediocres, pero creo que hemos sido instruidos desde antes de existir para decorar como papel tapiz la estancia donde  habita la insufrible humanidad, sólo para acompañarle el alma. 

No cualquiera. Marcel.

 Marcel. Moranchel.(D:R)

 

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