Minuto a Minuto

RADIO Sabersinfin.com

Viviré, viviremos
en un limbo insondable
de repudio sutil,
y de atractivo.

Viviré, viviremos
presentes y distantes

sufriendo cada uno
los destinos del otro.

Viviré, viviremos
sin saber si marchamos
al encuentro del viento
cargado de mensajes,
o si vamos a oscuras
sin otra perspectiva,
que la nada.

Viviré, viviremos
añorando bellezas
y removiendo tumbas,
intentando la vuelta,
o la resurrección
de lo que un día insensato
de demencial locura,
juntos asesinamos
creyendo que corríamos
hacia la libertad,
hacia las luces puras
de la realización;
hacia la prometida
pero al fin fementida,
vaga felicidad.

Viviré, viviremos
royendo nuestra culpa,
nuestra remota incertidumbre,
la que a veces nos dice:
“no fuiste tu el culpable”
y otras nos atormenta:
“la locura fue tuya.
Y nada más que tuya”

Pero, dime, digamos,
¿cómo vivir con esperanza,
si a cada paso nos asaltan
las crueles añoranzas;
si en cada rama de los pinos,
en cada estrella vespertina,
en cada cumbre de algún monte,
o en la corola de las flores
y en su aroma
está la remembranza?
¿cómo vivir el fin del mundo
de cada uno de los dos,
si nos punza el resabio
de lo que recibimos,
de lo que mutuamente nos hicimos
con el recíproco alegato
de ser el ofendido?
¿y cómo,
en qué forma
recuperar la calma
o la resignación,
el bálsamo sutil y delicado
que resane la herida?

Ni tu ni yo sabemos
hacia donde correr
a buscar el remedio;
y los dos ignoramos
en que abrupta montaña
se encuentra el precipicio
que habrá de convertirse
en la tumba final
de nuestros sufrimientos,
de nuestras turbias almas,
quizás de nuestros cuerpos;
ignoramos tu y yo
en que pantano cenagoso
se hundirá nuestro olvido;
o en que espeso ramaje
donde habitan los búhos
habremos de colgar
la cuerda de un dogal
frontera del recuerdo
y el olvido total.
No sabremos jamás,
ni en éste siglo absurdo
ni en el milenio venidero
porqué fue el desencuentro,
si había ternura a manantiales
y compenetraciones a raudales.
No lo sabremos nunca,
al menos, con la total certeza
de que lo decidido
fue lo justo
porque debía de ser
de ese modo, no de otro.
Jamás, ésta eterna palabra
de sinonimia: nunca,
sonó tan ominosa,
tan infinita en su extensión.

Jamás olvides que el JAMAS,
es el sonido de la nada,
del siempre nunca,
del eterno infinito
en el que nada puede ser
ya, lo que fue,
en el que todo ha sido
pero ya no será.

Iremos por la vida
con dos muertes a cuestas:
una, la del ausente,
que murió en nuestra mente,
pero cargamos su cadáver;
la otra,
será la vislumbrada,
la sospechada,
la esperada,
la por siempre temida,
la que nunca queremos,
pero va en nuestras venas,
en nuestra piel envejecida,
en nuestra vista diluída,
en el decir de cada día:
ayer, antaño,
cuanto daño,
cuanta esperanza,
y cuantos sueños hechos trizas
y convertidos en cenizas
que nos enturbian la mirada,
nos maculan la cara
y empañan el futuro,
en el cual,
a despecho del sueño
mezquino o generoso
que podamos vivir,
como mole gigante
con su peso aplastante,
estarán esas muertes:
la que quedó como una estatua
granítica y salobre
en el pretérito impertérrito,
inalterable e inmutable,
y la que viene en el futuro,
inexorable e implacable.

Ricardo Montes_de_Oca

Ricardo Montes de Oca ha escrito novelas, ensayos, cuentos y poesía. Ricardo ha cursado estudios profesionales en México y Rusia.

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