EL CALENDARIO AZTECA O PIEDRA DEL SOL (III)
Por: Lucio Vilchis Zapata*
El 17 de diciembre de 1790, siendo regente el
virrey No 44 de la nueva España José de Monserrat Marqués de Cruillas, 231 años
después, se re-descubrió la
Piedra, la cual "casi tocaba la superficie de la tierra,
la que se veía por encima sin labor alguna, pero en la parte de abajo que asentaba
en la tierra, se descubrían varias labores". Se encontró "á solo
media vara de profundidad, y en distancia de 80 al poniente de la misma segunda
puerta del real palacio, y 37 al norte del portal de las Flores.
La
Piedra del Sol permaneció expuesta al público, sin
custodia alguna hasta el 12 de enero de 1791 cuando se entregó de manera verbal
a los comisarios de catedral para "que se pusiese en parte pública donde
se conservase siempre como un apreciable monumento de la antigüedad
indiana".
La
Piedra del Sol, pasó de inmediato a ocupar un lugar
entre los símbolos que eligió la colonia para engrandecer su conquista de la Nueva España, para
demostrarle a Europa la grandeza y sabiduría del pueblo sometido. El 16 de
agosto de 1791 el virrey Revillagigedo decretó se tomaran las medidas
necesarias para garantizar su perpetua conservación como parte de los
"monumentos preciosos que manifiestan las luces que ilustraban á la nación
indiana en los momentos anteriores á su conquista".
El primer estudio
sobre la Piedra
del Sol lo hizo Antonio León y Gama Un año después publicaría su más importante
estudio arqueológico: “La Descripción Histórica y Cronológica de las dos
piedras que con ocasión del nuevo empedrado que se está formando en la Plaza Principal,
se hallaron en ella, el año de 1790”.
Esas dos piedras eran ni más ni menos que la Piedra del Sol o Calendario Azteca y la ¿Piedra de Tízoc?
Desde entonces, se
han realizado infinidad de estudios sobre el monolito. Una de las preguntas que
constantes sobre esta escultura calendárica es si su posición era horizontal o
vertical. Ahora se sabe que la posición de la Piedra del Sol debía ser horizontal y mostraba la
imagen del relieve solar como en muchos otros monumentos de forma cilíndrica.
También se han hecho varias propuestas sobre el valor numérico de cada uno de
los elementos presentes en el relieve, de tal manera que gracias a complicadas
operaciones matemáticas, se supone que el monolito representa la suma de
observaciones astronómicas y es el resultado de complicados cómputos
calendáricos.
La
Coatlicue pasó un tiempo afuera de la puerta que es
hoy acceso al Patio de Honor de Palacio Nacional, fue colocada después en una
de las esquinas del patio de la
Universidad, entonces en la calle de Moneda, pero los frailes
decidieron sepultarla allí mismo por considerar que despertaba un
"fanático entusiasmo" entre los indígenas por contemplar las obras de
sus ascendientes: "Espiaban los momentos en que el patio estaba sin gente,
en particular por la tarde, cuando al concluirse las lecciones académicas se
cierran á una todas las aulas. Entonces, aprovechándose del silencio que reina
en la morada de las Musas, salían de sus atalayas é iban apresuradamente a
adorar a su Diosa Tayaomiqui. Mil veces, volviendo los védeles de fuera de casa
y atravesando el patio para ir á sus viviendas, sorprendieron á los indios,
unos puestos de rodillas, otros postrados (...) delante de aquella estatua, y
teniendo en las manos velas encendidas o algunas de las varias ofrendas que sus
mayores acostumbraban presentar a los ídolos." La desenterraron en 1803,
sólo para que Alejandro de Humboldt estudiara la enigmática pieza y la
volvieron a cubrir, hasta que, consumada la Independencia en
1821 se integró a la primera colección expuesta del México antiguo.
El Calendario Azteca
permaneció casi cien años en el exterior de la torre poniente de Catedral
metropolitana, justo donde desemboca ahora la calle Cinco de Mayo. Aquí, la
escultura se deterioró no sólo por estar al aire libre sino sobre todo porque,
según los cronistas de la época, la gente lanzaba inmundicias y fruta podrida
al relieve calendárico. Incluso los soldados que ocuparon la ciudad de México
mataban el tiempo "tirando al blanco" al rostro de la deidad.
Lucio Vilchis Zapata (
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) realizó
estudios de física matemáticas y bibliotecología.
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