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TRIBALISMO Y TRIBUS URBANAS
Por: Ximena Franco Guzmán*
En
entregas anteriores se revisó el concepto de tribalismo, acuñado por el sociólogo Michel Maffesoli, y su
contraparte, el concepto de individualismo,
tal y como Zygmunt Bauman trabaja el término en algunos de sus textos [el
artículo puede encontrarse en SABERSINFIN.COM, en la sección de “Artículos y
Ensayos”, con el título de Individualismo vs Tribalismo: Dos perspectivas sobre el individuo y las sociedades posmodernas]. Cada uno de
estos conceptos intenta dar cuenta de las tendencias de socialidad en las
comunidades contemporáneas. En esta entrega se busca abordar el tema del tribalismo de manera más detallada,
ejemplificando el concepto con el fenómeno de las llamadas “tribus urbanas”.
Para ello nos remitiremos al artículo de
Michel Maffesoli titulado “Tribalismo posmoderno. De la identidad a
las identificaciones”. Para abordar el tema de las tribus urbanas
abordaremos los siguientes textos: Feixa, C. De jóvenes, bandas y tribus; Oriol
Costa, P., Pérez Tornero, J.M., Tropea, F., Tribus Urbanas (el ansia de
identidad juvenil: entre el culto a la imagen y la autoafirmación a través de
la violencia); Chihu Amparán, A., (coord) Sociología de la Identidad [la
bibliografía completa de estos textos se indica al final].
Tribalismo: El tribalismo es, según
Maffesoli, un fenómeno cultural. Esto quiere decir que se
trata de un movimiento de amplio espectro que inunda todos los ámbitos de la
vida social (política, filosofía, religión, economía, artes, costumbres,
lenguaje, modas, patrones de conducta…etc) y que, a su vez, se influenciado por
todos ellos. El tribalismo está
enclavado dentro de los procesos de la posmodernidad.
Definir la
posmodernidad o, como muchos pensadores prefieren llamarla, la “condición”
posmoderna, nos llevaría un trabajo aparte (nada sencillo, por cierto). Pero
podemos decir, grosso modo, que la
posmodernidad es una época que inicia aproximadamente a mediados del siglo XIX,
con la caída de los grandes paradigmas de pensamiento, racionalistas,
universalistas y fundacionistas. Los mitos únicos o dominantes de la
filosofía, la religión y la ciencia, se dispersan en multitud de mitos, de
verdades y concepciones posibles del mundo. La experiencia del hombre se transforma
radicalmente y con ello, las maneras en las que los hombres se piensan y
configuran a sí y a sus sociedades. Pues bien, el tribalismo, para Maffesoli, es la expresión social dominante de las
sociedades posmodernas. Es decir, las sociedades actuales tienden al tribalismo. Pero, ¿qué es
exactamente el tribalismo?, ¿cuáles son sus rasgos característicos?, ¿cuál es
su lógica?
En una entrega anterior enumeramos las
características del tribalismo de Maffesoli, según él mismo lo hiciera en su
texto Tiempo de las tribus. Para no
repetirnos, ahora daremos la definición que Maffesoli maneja en el artículo que
aquí tomamos como referencia:
“El tribalismo es un fenómeno
cultural, antes que político, económico o social. Es una
auténtica revolución espiritual; es una revolución de los sentimientos que pone
énfasis en la alegría de la vida primitiva, de la vida nativa. Es una
revolución que exacerba lo fundamental, lo estructural, lo primordial del
arcaísmo. Cabe admitir que todo ello se aleja mucho de los valores
universalistas o racionalistas que caracterizan a los detentores de los poderes
actuales”. (Maffesoli, 2002. Pág. 227-228)
El tribalismo es, pues, una revolución.
¿Contra qué se levanta esta revolución? Contra
la antigua lógica que regía el mundo de las ideas y que justificaba ciertas
prácticas de dominio entre los hombres: la lógica del principio de la
identidad. Maffesoli opone la lógica regida por dicho principio a la lógica
del tribalismo, que es la lógica regida por el “principio de Eros”. (Ibid., pág.
227).
La lógica del principio de identidad
podemos entenderla como aquel discurso que, en todos los ámbitos del saber y
del hacer humanos, tiende a la unidad de lo múltiple en Uno. Y ese Uno es
idéntico consigo mismo. ¿Qué quiere decir esto? Que según los antiguos
paradigmas de pensamiento (anteriores a la posmodernidad), las cosas del mundo,
incluidos los hombres dentro de él, podían ser comprendidos y aprehendidos
desde una idea (única, uniforme,
fundamento de sí misma que funda a su vez todo lo demás) que los abarcaba a
todos. Dios tuvo su momento. Todas las cosas se reducían finalmente a él. La
naturaleza y el hombre tomaron después, respectivamente, el lugar de Dios. La
lógica del principio de identidad puede ser concebida también, según lo explica
el mismo Maffesoli, como una ontología sustancialista, que pone a la base de
sus consideraciones un elemento como conformador y ordenador de la realidad,
llámese el hombre, el Estado, la ley…etc. (Cfr. Maffesoli, 2002, pág. 237)
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