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La vida de Toshiro Honda PDF Imprimir E-Mail
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Sabersinfin - Ensayos y Artículos
25-07-2010
- UN MUNDO SIN LIBROS ES COMO UN CUERPO SIN ALMA -
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La vida de Toshiro Honda
 
Elda Ruíz Flores*

En esta ocasión quiero compartirles la vida de un gran hombre que fue publicada en el libro de Forbes.

Mucha gente se la vive diciendo que la vida los ha tratado mal, que Dios no los quiere, o que la suerte no los ha favorecido, o que si hubieran nacido en otra casa, colonia, familia o en otro país, sus condiciones serían mejores, pero amigos de sabersinfin.com déjenme que les platique lo que leí acerca de la vida de Toshiro Honda y nos daremos cuenta de que no todo es así.

Toshiro Honda, es el gran constructor de autos y motocicletas que actualmente conocemos. Fue el quinto de nueve hermanos. Nació en 1906. Y nació en una familia tan pobre, pero tan pobre, que cinco de los nueve hermanos murieron de hambre, murieron de inanición, y yo creo que ninguno de nosotros amigos de sabersinfin.com, por muy pobres que hayamos nacido, estuvimos a punto de morir porque no hubiese que comer en nuestras casas.

Bueno, pues este hombre sí, sí estuvo a punto de morir de hambre, como murieron cinco de sus nueve hermanos por la pobreza extrema que se vivía en Japón.

Y vean lo que dijo ese niño, “yo no voy a morir de hambre, ni dejaré que los míos, mueran de eso”.

Así que se fue a la escuela con mucho esfuerzo y trabajo.

El padre de nuestro protagonista del día de hoy, era herrero y arreglaba bicicletas, y en 1922, Toshiro deja la escuela la secundaria después de 9 años de estudio, diciendo que la escuela le enseñaba muy lento, se aburría y no le enseñaban lo que él quería aprender.
Más tarde, Toshiro se va a Tokio, donde ingresa a un taller mecánico de autobuses y  pasa  6 años aprendiendo todo lo que debía aprender, sobre estos vehículos.

Después regresó a su ciudad natal, y funda un taller en 1928, ya como independiente, y consigue presentar su primer invento de las muchas patentes que él tiene: los rines de rayos, para los automóviles.

Recordemos que en los años 20, se usaban rines de madera o de fierro, pero no existían los rines de rayos como los que inventó Toshiro, porque decían los ingenieros que los rines de rayos eran muy débiles y no soportarían el peso de un automóvil.

Entonces lo que hizo el señor Honda fue hacer unos rines más gruesos, que los que hacía y había en el taller de bicicletas de su padre.

Él aprendió a darle el balance exacto a los rines a través del grosor y la fuerza a esos rayos para soportar el peso de los automóviles.

Con lo que ganó con este invento de los rines de rayos metálicos para los carros, pagó el préstamo que había conseguido para su taller y empezó a hacer lo que él quería.

Como él sabía que fabricar un auto costaba mucho dinero, empezó por fabricar anillos y pistones para la Toyota que en aquellos años 30 se llamaba Toyopet, pero por sugerencia de Honda se decidió que se llamara Toyota, que era más comercial para venderse en Europa, y entonces empieza a construir sus anillos y pistones.

Y dirán ustedes estimados lectores: ¡Qué bueno, qué fácil le resultó todo, ojalá y así me fuera a mi….!

Pero no, fíjense que cuando empezó a fabricar sus primeros anillos y pistones por pedido, siempre ya no se los quiso comprar Toyota, porque no reunían la calidad que se necesitaba.

Amigos de Sabersinfin.com ¿Qué hubieran hecho en lugar del señor Honda?
A lo mejor llorar, culpar a todos y tal vez reclamarle a Dios por lo injusto que era, porque deja que nos vaya mal. En las cosas, porque no nos ayuda....

Pero Honda, lejos de hacer eso, fue a su fábrica a corregir los defectos hallados en sus pistones y anillos, y entonces pudo venderle a la Toyota estos artículos.

Cuando ya estaba la producción en puerta... Bueno, pues nada más y nada menos que se presenta la segunda guerra mundial que vivió Japón, los norteamericanos empezaron a bombardear toda la zona industrial de Japón y bombardearon la fábrica de nuestro protagonista y la destruyeron completamente.

Amigos de Sabersinfin.com ¿Qué hubieran hecho en lugar del señor Honda?

A lo mejor llorar, culpar, maldecir a todos y tal vez reclamarle a Dios por lo injusto que era, porque deja que nos vaya mal, porque dejó que las bombas cayeran ahí, si hubieran caído mejor unos cuantos kilómetros a un lado? ¿Por qué si Dios es tan bueno, por qué permite esas cosas?
Pues el señor Honda, junto con sus obreros, iban siguiendo los aviones para esperar cuando lanzaban las bombas e ir a recoger los pedazos que quedaban de metal para fundirlos y utilizarlos para sus pistones y sus anillos.

Y como los aviones tenían que regresar a sus bases, ya de regreso tiraban los tanques de combustible vacíos, para tener menos peso y gastar menos combustible, y el señor Honda recogía esos tanques, recogía esas latas, recogía ese metal, para seguir haciendo sus anhelados anillos y pistones.

Mis estimados lectores… ¿Qué creen?, pues volvieron a bombardear la fábrica que Honda había semi reconstruido, de tal manera que se quedó sin la forma de volver a edificar su fábrica, teniendo que vendérsela a la Toyota. Esta venta incluía la patente así que les vendió todo, y Toshiro tuvo que ponerse a pensar que hacer, y a que dedicarse en el futuro.

Cuando termina la guerra Japón se queda sin gasolina, y la gente que tenía automóvil, no podía ni siquiera ir a comprar comestibles para su familia. Por otro lado, nuestro protagonista, pensaba y planeaba qué hacer o qué emprender con el dinero que le habían pagado por la patente, entonces el señor Honda en vez de acostumbrarse a esta deficiente calidad de vida, (como a veces nos pasa y declinamos y decimos: bueno, pues la vida es así, ni modo, Dios así lo quiso)  pensó, como sufragar la falta de combustible.

Entonces, empezó a recordar todo lo que él sabía hacer, se acordó del taller de bicicletas de su padre, todo lo que había aprendido acerca de ese vehículo y pensó en ponerle un motor de los que los americanos habían dejado abandonados en sus podadoras de pasto, así que comenzó a trasladarse diariamente al mercado, y sus conciudadanos al verlo, le pidieron que les fabricara unos de esos vehículos motorizados, y empezó a hacerlos.

Honda se puso a trabajar muy duro hasta que llegó el momento en que se acabaron los motores de las cortadoras de pasto, entonces pensó ¿qué hay que hacer? Pues edificar una fábrica, para construir motores y ahora si, venderle a todo Japón esos modernos vehículos.
Como Toshiro no tenía dinero para invertir en una fábrica de esas dimensiones, a este simpático inventor se le ocurrió escribir 18.000 cartas, sí claro, 18.000, como no había copiadoras, ni computadoras, ni fax, ni manera de reproducción, tuvo que hacerlas a mano, ¿por qué 18.000 cartas?, pues porque en ese tiempo había 18.000 tiendas repartidas en todo Japón que vendían bicicletas invitándoles a que invirtieran dinero en su proyecto para construir motores, y así hacer de sus bicicletas, vehículos para todos los japoneses.

Después de enviarlas, ¿cuantos creen que respondieron de esos 18.000?, pues sólo 3.000, mismos que creyeron en el proyecto, invirtieron su dinero e hicieron realidad el sueño de Honda, fundar su fábrica de motores para bicicletas.

Hasta aquí, todos podemos decir: qué fácil, ahora sí le fue muy bien, ya se lo merecía, todo se lo dieron en charola de plata…

Pero ¿que creen amigos lectores?, nadie compró esas bicicletas modernas, y ¿saben porque?, porque a los japoneses, como ustedes saben que les gusta lo pequeñito, ese es el gusto del pueblo japonés, y como él les colocaba motores de podadoras de pasto, muy grandes, muy antiestéticas y muy descuadrados de las bicicletas...pues a final de cuentas, no se vendieron.
Y nuevamente te pregunto: ¿Que hubiéramos hecho nosotros, llorar, botar todo, tal vez irnos del país,  suicidarnos, o reclamarle a Dios y decirle: que malo eres, mira todo lo que gaste y no me ayudas?

Cabe hacer mención que así mismo pasó con la llegada de los teléfonos celulares, antes cargábamos un tabicote, pegado a la oreja, estaban feos, y andábamos haciendo competencia por ver quien traía el tabique más grande, ahora vean la diferencia, muy pequeñitos, delgaditos, con alta tecnología en la palma de tu mano. De tal suerte, que así les pasó a los japoneses con las bicicletas, no les gustaban los motores grotescos y Honda tuvo que hacerlos de un tamaño que fueran, ligeros, estéticos y que les gustaran a los japoneses.

De esta forma es como nace la cachorro con su mini pero muy potente motor, y ahora si fue un éxito indiscutible en el que Toshiro Honda, obtuvo el premio del emperador Hirohito y todos sus paisanos empezaron a comprar estas motocicletas.

La prensa, desde luego, se volcó a interrogar a nuestro personaje a quien le preguntaron si se consideraba un hombre de suerte.

Ustedes que nos leen a diario, ¿creen que fue suerte? ¿Creen que solito hizo todo esto?

Pongamos atención en su respuesta: “Si, soy un hombre con mucha suerte, porque suerte significa:
Saber
Utilizar el
Entendimiento para
Realizar un
Trabajo
Efectivo. Esa es la suerte”

Y nosotros, a veces mediocremente decimos y - ¿por qué le ha ido bien? Ay oye, ¡es que ese o esa se carga una suerte!

Ja, ja, ja, - digo yo -, pues ¿dónde se compra?, ¿dónde se vende?, denme 1 kilo de suerte, porque yo también quiero que me vaya bien, o ¿de qué color es, o de qué sabor es, se inyecta, se toma, se inhala o que forma tiene la suerte?

SUERTE es saber utilizar el entendimiento para realizar un trabajo efectivo.

Para aclarar esto, le pongo un ejemplo: Mecánicos hay muchos, pero qué pasa, nos roban las piezas, nos desbalijan los carros, se quedan con las piezas originales, se quedan meses los coches guardados, etc. Pero cuando encontramos a un mecánico eficiente, le damos todo, hasta nuestra bendición, y decimos ¡Ay Diosito, cuídamelo mucho que no le de tos! porque entonces sí descuida mi carro, por efecto entonces, lo recomendamos, y le mandamos trabajo porque se lo merece.

Esa es la suerte amigos, no es algo mágico, no es algo conflictivo, la suerte es saber utilizar el entendimiento para realizar un trabajo efectivo. El que sea.

Ya vieron ¿como entonces cambia la situación de cómo vemos la vida? cuando dependemos de algo etéreo, de algo subjetivo. Entonces grabémonos todos esto muy bien: debemos ser siempre eficientes en todo lo que hacemos.

De 1948  a 1971, Toshiro trabajó arduamente, y tuvo que pasar todo este tiempo para que pudiera fabricar y vender 100.000 motocicletas al mes, aunque, como era de esperarse este éxito despertó muchas envidias entre sus paisanos, y la Yamaha, ¿saben qué hizo para quitarle el mercado al señor Honda?, dijo: vamos a quebrarlo. Nosotros vamos a sacar cada mes un modelo nuevo de motocicletas, para que no se vuelvan a vender las Honda.

Imagínense entonces amigos, el trabajo que se necesita, para que, cada mes se esté sacando un modelo nuevo. Y nosotros ¿qué hubiéramos hecho en lugar del señor Honda? ¿Llorar? ¡Ay Dios mío, quítame a este hombre! ¡Cuídame el mercado para que nada mas sea yo!

Lejos de esto, Toshiro reunió a su gente y les dijo: “Yamaha está sacando un modelo nuevo cada mes, nosotros vamos  a sacar uno nuevo cada semana”.

    Y así lo hizo, cada semana sacaba una motocicleta nueva, y a final del año sacó 54 modelos de motocicletas diferentes, e hicieron a los japoneses comprar las motocicletas Honda y no comprar las Yamaha, porque quien compraba Yamaha, estaba atrasado en tecnología y en lujo. Quien compraba Honda, estaba adelante en lo más nuevo del mercado. Desgraciadamente la avaricia rompe el saco, pues los altos ejecutivos de la Yamaha fueron corridos y algunos removidos de sus puestos, porque casi llevan a la quiebra a la Yamaha, al querer destruir a la Honda.

Pero esta historia no termina aquí. En 1968, Toshiro inicia la construcción de automóviles con  los que siempre había soñado, recordemos que empezó a haciendo anillos y pistones, porque no le alcanzaba para hacer coches. Y entonces empieza a hacer sus coches ¿Saben que le dijo el gobierno de Japón de industria y comercio?: “no te metas a hacer coches, no necesitamos en este país otro fabricante, ya tenemos a la Nissan, ya tenemos a la Datsun, ya tenemos otras marcas, y no te necesitamos a ti”.

Esto pesa mucho en Japón, porque la industria y comercio de ese país, es el que se encarga de financiar la maquinaria para todas las empresas japonesas, cosa que no sucede en otros países, ¿por qué?, bueno pues porque Japón piensa que si les compra maquinaria nueva a todas las empresas, éstas le deben dar más impuestos, tienen el trabajo seguro, hacen trabajos con tecnología de punta, tienen lo mejor en el mercado, así es que el gobierno les dice: “se está quedando atrás tu tecnología, aquí tienes tantos millones de dólares, compra maquinaria nueva, y le vas pagando al gobierno a través de los impuestos…” pero a Honda le dijeron: “a ti no te vamos a ayudar”.

Nosotros tal vez en su lugar, de inmediato le hubiéramos echado la culpa al gobierno, sin embargo Honda dijo: “no importa que no me ayuden, yo voy a hacer mi fábrica de automóviles”.

Al final, el que persevera alcanza, y pronto montó su fábrica de automóviles con tanto éxito, que en 1975, inventó el primer motor no contaminante, que ni la Mercedes Benz, ni la General Motors, ni la BMW, ni la Ford, ni la Volkswagen, ni ningún otro fabricante de carros habían podido inventar, se trataba del convertidor catalítico. Todas las empresas del mundo ahora usan el convertidor catalítico, y por ende, todos le tienen que pagar regalías a Honda, esa fue otra de sus grandes invenciones.

Amigos lectores de Sabersinfin.com: Toshiro Honda fue un hombre que creyó en él mismo, que no se dejó vencer por nada, ni por nadie, que salió adelante aun no teniendo estudios, pero le sobraban las ganas, la fe, mantuvo la perseverancia y nunca vivió en el conformismo ni en la mediocridad, y es la muestra tangente de que todos y todas podemos salir adelante, la vida puede sentirse triste o creativa, dependiendo de las decisiones que cada quién opte para su vida.
 
* Elda Ruíz Flores es licenciada en Periodismo y Comunicación Colectiva, conduce el programa de InteligenciaSexual.com.

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Última modificación ( 29-07-2010 )
 
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