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04 de septiembre de 2017

Alrededor del año 3100 a.C. el rey Menes unió los reinos del alto Egipto y el bajo Egipto, durante el periodo que siguió conocido como el reino antiguo (3100 – 2181 a.C.) gobernó un faraón llamado Zoser, que en el año 2000 a.C. ordeno construir en Saqqara uno de los edificios antiguos que mejor se ha conservado, la gran pirámide escalonada; comisiono como arquitecto a un estudioso polifacético, experto en astronomía, literatura, arte y por lo que mejor se le conoce en medicina. Se trataba de Imhotep, que con el tiempo fue venerado como dios de las curaciones, las personas enfermas se dirigían a imhotep en busca de curar sus males. De hecho el faraón lo estimaba y respetaba en demasía que ordeno que su lo enterrasen cerca de su propia tumba en la necrópolis de Menfis.

La práctica de la medicina en esta cultura data desde hace 4600 años claramente establecida. Pronto los doctores empezaron a especializarse en curar ciertas partes del cuerpo y ciertos sistemas orgánicos, la practica estaba tan dividida en esta civilización que cada médico cura tan solo una enfermedad, todo su territorio estaba lleno de médicos, unos de ojos, otros en dientes, de lo que pertenecía al vientre, etc.

El primer dentista que se conoció fue Hesi-Re, que vivió durante el reino del faraón Zoser y a quien describen “como el más grande de los médicos que trató los dientes, se encontraron más evidencias de que el tratamiento odontológico estaba separado del tratamiento médico general en una estela encargada por el faraón Sahura como regalo a su médico favorito. Los egipcios sufrían de una gran variedad de enfermedades dentales, y ni siquiera los faraones eran inmunes a sus estragos. Parece que la extracción de órganos dentarios era la forma más común de aliviar las afecciones dentales. También es probable que estos primeros dentistas perforaran agujeros a través de la cortical de la mandíbula para la aliviar la presión producida por exudados purulentos asociados a abscesos dentales, ya que se han encontrado cráneos con trepanaciones de este tipo, uno perteneciente al reino antiguo, y otro similar hecho en una necrópolis cerca de Saqqara, perteneciente al periodo del reino nuevo. Se trata de un molar inferior severamente cariado y a nivel de las puntas de las raíces de este diente (ápices), se observan dos agujeros perfectamente cilíndricos (cinco milímetros de profundidad y dos milímetros de ancho), y no parecen fistulas que pudieron haberse formado naturalmente ya que son idénticos.

Además, de que llevaban una dieta rudimentaria y se atribuye como una de las principales causas de las afecciones dentales de los egipcios. Tanto entre los ricos como entre los pobres. El grano para el pan, elemento fundamental, se molía con piedras muy bastas y, durante el proceso, numerosas partículas de arena se mezclaban con la harina. También, como la dieta o alimentación de los primeros egipcios era fundamentalmente vegetariana y dado que el suelo era muy arenoso, se consumía mucha arena también con los platos principales. Todo esto producía una severa atrición de las superficies oclusales de los dientes, con lo cual la pulpa dentaria quedaba sin protección y, por lo tanto, era inevitable la aparición de abscesos y quistes.

Autor: Museo de Odontología de la BUAP.

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