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31 de agosto de 2017

Entre los pueblos que atraen el interés, los etruscos ocupan un lugar preferente por haber dado lugar en el centro de la Península italiana, probablemente emigraron de Asia menor al destino mencionado, asentándose en esta en tiempos prehistóricos. En la región que de ellos toma su nombre: Etruria, a una civilización singular, de la que se desconocen no sólo el origen, sino también su lengua, y se tiene muchas dudas sobre su organización política, su religión y todos los aspectos de su desarrollo espiritual, ya que las fuentes históricas con que les conocemos, aunque numerosas, son de difícil interpretación, este antiguo pueblo daba la impresión de constituir una entidad muy neta, suscitando el interés de los aficionados a la antigüedad, mientras que la lengua etrusca se mantuvo completamente aislada en medio de una serie de idiomas itálicos antiguos.

Primero ocuparon la región central entre el Armo, en el norte y el Tiber en el sur; más tarde se extendieron hacia el norte, al valle del Po. Al final del siglo VII los etruscos conquistaron el pequeño asentamiento de Roma. En el siglo VI los romanos se sublevaron expulsando a sus dominadores etruscos y a continuación los conquistaron. Sin embargo, y como era habitual en ellos, adoptaron y expandieron la mayor parte de la cultura etrusca altamente desarrollada que incluía entre sus habilidades sus avanzadas prácticas dentales.

Estaban tan bien integrados en la vida romana que los únicos vestigios específicos de su civilización desaparecieron. Cuando se asentaron en lo que hoy es Italia, practicaron la cremación al igual que otras naciones del Levante (como hacían los romanos hasta aproximadamente el año 200 a.C.); hacia el año 500 a.C., con la introducción de la inhumación, practicaron los dos métodos de enterramiento. Sus tumbas constituyen un importante tesoro para los historiadores de la odontología, ya que aunque el resto de su cuerpo se reducía a cenizas, los dientes permanecían intactos. Entre los principales hallazgos se encuentran una considerable variedad de puentes construidos para reemplazar uno o más dientes perdidos. Para esto usualmente utilizaban unas tiras planas de oro blando y puro para rodear los dientes sanos, construían otras bandas para sujetar y sostener los dientes artificiales de repuesto que se soldaban unas con otras. En algunos los dientes humanos cortados por el cuello se sujetaban a la banda de oro con remaches o espigas.

En la mayor parte de los casos, se usaban dientes de vaca y buey para disimular los dientes naturales perdidos. A veces, se preparaban encajes, cortando por el centro un ancho de diente de buey dándole la apariencia de dos dientes. Estos dientes se sacaban de dientes de la mandíbula de animales jóvenes probablemente antes de su erupción, pues muy pocos muestran signos de roce o desgastes en sus cúspides oclusales.

En algunas tumbas se han encontrado tablillas de arcilla que presentan grabada una dentadura completa; en la cual se trata de ofrendas para los dioses a quienes atribuían poderes curativos sobre las enfermedades de la boca y molestias como el dolor de muelas y mandíbula.

Bibliografía: Los Etruscos, pagina 43 – 44. “Historia de la Odontología Ilustrada”, Malvin E. Ring. Editorial Mosby/Doyma libros.

Fuente: Ortodoncia Integral.

Redacción: Museo de Odontología BUAP.

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