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Hoy fui muy tempranito a casa de doña Chole, salí cuando el sol apenas se miraba, dicen que así no se dan cuenta los espíritus de la noche; creen que uno esta dormidito como Dios lo manda. Toqué la puerta y doña Chole abrió por una rendija y medio me miró.
-vete de aquí , ya no se te puede hacer nada, no te diste cuenta cuando viniste a la limpia que tu huevo estaba atascao de picos y ojos, estás muy agarrao muchacho, tú llevas junto a la muerte, siempre está acechando tus pasos.
Cerró, escuché como pasaba el cerrojo y ponía la tranca que usa cuando la gente se enfurece y quiere lincharla. Como aquel día que murió Elpidio, lo encontraron ahogado a la orilla del río y doña Chole ya lo había dicho antes que pasara; fue entonces que la gente enfurecida no aguantó el coraje y agarrando palos y piedras comenzaron a buscarla para matarla, decían que era una bruja y había que acabar con ella, de no ser así traería más desgracias al pueblo, pero doña Chole dice:
-sólo hago lo que mandan los espíritus.
Cuenta que cuando era chica se iba a lavar al río y le gustaba hacerlo cuando empezaba a oscurecer , hasta la apodaban la aliada de las aguas, porque el agua del río bajaba cristalina y eso no puede ser, sólo sucede en las mañanas que el agua no ha sido revuelta, pues en la tardes baja muy sucia por las mujeres que lavan a media mañana después de hacer el itacate a sus hombres, también por las tarde los hombres atraviesan el río con su reses después de llevarlas a pastar, sin embargo, cuando doña Chole llegaba el agua parecía conocerla y se convertía en un río apacible y cristalino.
Una tarde escuché risas como de niños-dice doña Chole- ella se inquieto ,dice que era muy tarde y le extrañó que hubiera niños a esa hora, entonces sintió piedritas en la espalda y en la cabeza, enojada se volteó a ver quiénes eran y no vio a nadie y gritó: -¡pinches escuincles, salgan o los voy a chingar, salgan cabrones!
Nadie salió y doña Chole empezó a recoger sus ropas que estaban tendidas en las piedras y los arbustos. Al acercarse a uno de los arbustos tropezó con un pie, lo agarró y jaló con fuerza; cuando miró a sus espaldas estaba rodeada de enanos barbudos, pero no como en los cuentos de hadas, esos estaban descalzos y casi desnudos gritando como locos, entonces ella empezó a sentir escalofríos y de puro susto soltó al que estaba sacando, todos saltaban y gritaban a su alrededor parecían de otro mundo. Doña Chole repartió madres porque dicen que así se ahuyentan los malos espíritus y sólo de esa forma logró aplacarlos .
Dicen que don Filemón un viejito que vive por el barranco, cerca del río, luego luego le hizo una curación con sahumerios y copal, si no, no estaría pa contarlo doña Chole. Nadie más ha visto esos enanos sólo ella, desde entonces por las noches tiene sueños raros; se le meten los espíritus y le dicen lo que va a pasar y qué es lo que tiene que hacer, por eso tiene muchos poderes porque hablan los espíritus a través de su cuerpo que esa vez se le presentaron como niños.
Anoche hacía un frío de los mil demonios, de pronto se escuchó un golpe en el techo como si cayera una piedra enorme ,luego se sintió tremendo calor, hasta pensé que el brasero se había quedado prendido y estaba en su mero punto; empecé a sentir cómo se me humedecía entre las piernas y los dientes no se estaba quietos, me brincoteban como en las fiestas del pueblo, donde todos parecen trompos dando vueltas y como los chapulines salta que salta, ya se escucha un pitazo aquí un tamborazo por allá, la cosa es que se hace bulla. Pos así estaban mis dientes, no podía pararlos.
Ya me habían dicho que en mi casa echaron tierra de cementerio por esos pasaban cosas raras. Don Jacobo, el dueño de la tienda que está en la esquina, platica que una noche salió a hacer sus necesidades y al mirar pa mi casa vio una gárgola enorme, ya ni terminó, se metió corriendo a su casa; yo no que se que madres es eso, pero me dio miedo, parece que es de mal agüero, dizque en la edad media eran utilizadas en la brujería, bueno eso dice don Jacobo, él si es letrado ¡a saber!
Apenas si me puedo estar quieto se escuchan las piedras en el techo y las paredes truenan como si tuvieran huesos, mejor ni me muevo pa que no sepan que estoy aquí. Doña Chole nos platica que cuando las noches hay luna grande que parece que es de día, es cuando se acercan los nahuales y rondan pa ver que se llevan, aunque cuentan que la han visto convertirse en uno de ellos, ella dice que la protegen. Aquí no hay chilpayates, pero podrían husmear mis huaraches o mi sombrero que esta junto a la puerta. Ya oigo muy cerquita una reparación ¡ay María Purísima! No puedo aplacar el temblor de todito mi cuerpo ¡Virgencita de Catemaco, animas benditas! Denme otro poquito de tiempo, siquiera a que encuentre alguien que me llore y me ponga una velita en mi tumba y alguna que otra florecita no le aunque que sea de esas silvestres que crecen a la orilla del río ¡ay mamacita linda, ora si me cargo patas de catre! Ya está aquí, ya me agarró ¡ay! doña Chole que susto me dio, pensé que eran los espíritus que ya venían por mí.
-no seas tarugo, hace días que no te divisaba y como estoy encomendada pa cuidar tu alma pensé que estabas enfermo y me dije: hay que ir a ver a éste a lo mejor esta encamao y ni un perro que le ladre; además vine a pedirte un favor, no tengo agua en el pozo a ver si puedes traerme una poca del río.
-sí doña Chole, de paso sirve que no pienso en tanta cosa al ayudar a mi prójimo.
Al otro día. ¡abra doña Chole, abra! Esta vez no se lo vamos a perdonar, nuestros muertitos que andan en pena están con nosotros y nos protegen. Esta vez le haremos justicia a nuestro ahogao
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