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15 de agosto de 2016

Si la fama sólo llega después de la muerte, no tengo prisa en conseguirla.
Marco Aurelio

El pasado 21 de julio, se cumplieron 2372 años de que un hombre llamado Eróstrato, incendia una de las Siete maravillas del mundo antiguo, el Templo de Artemisa, ubicado en la ciudad de Éfeso, Turquía, dedicado a la diosa de la caza, los nacimientos, la virginidad y las doncellas, que traía y aliviaba las enfermedades de las mujeres. Denominada Diana por los romanos.

Sobre el templo de Artemisa, Antípatro de Sidón, quien elaboró la famosa lista de las siete maravillas del mundo antiguo, comenta: He posado mis ojos sobre la muralla de la dulce Babilonia, que es una calzada para carruajes, y la estatua de Zeus de los alfeos, y los jardines colgantes, y el Coloso del Sol, y la enorme obra de las altas Pirámides, y la vasta tumba de Mausolo; pero cuando vi la casa de Artemisa, allí encaramada en las nubes, esos otros mármoles perdieron su brillo, y dije: Salvo desde el Olimpo, el Sol nunca pareció jamás tan grande”.

Creerá estimado lector, que únicamente la ambición de hacerse famoso fue lo que llevó a Eróstrato a cometer ese acto incendiario. Muchos han pasado a la historia por sus actos heroicos en campañas militares y conquistas, otros muchos por acciones no tan gloriosas, pero solo Eróstrato ha pasado a la fama por el simple hecho de querer ser famoso y lo logró, a pesar de que Artajerjes, Rey de Persia, lo condenó al ostracismo y al anonimato.

Eróstrato, hijo de un padre desconocido y de una madre que lo maltrataba, desde la infancia dejó muestras de sus ansias de fama, decía de sí mismo ser un elegido, hijo del fuego, ya que bajo su pezón mostraba una marca de nacimiento en forma de media luna. Las parteras que asistieron su nacimiento predijeron que estaba sometido a Artemisa. Fue colérico y permaneció virgen. Su ilusión era convertirse en sacerdote, pero al carecer de un padre conocido, su solicitud fue denegada y él expulsado del recinto cuando intentó retirar en varias ocasiones el tejido que ocultaba a la diosa Artemisa. Vivió en una gruta, lugar desde el cual se dedicaba a vigilar el recinto sagrado de Artemisa. Se creyó que reservaba su virginidad para la diosa.

Pero, la noche del 21 de julio del año 365 a.C., Eróstrato “arropado por una noche sin luna se introduce en el templo y se apodera de una lámpara y después de besar la estatua de Artemisa acercó su lámpara a la tela que la envolvía y ardió. Al principio despacio; luego, por los vapores de aceite perfumado que la impregnaban, la llama subió, azulada, hacia el rostro de la diosa. Eróstrato se erguía en medio del resplandor, clamando su nombre en la oscuridad”.

Artajerjes, lo detiene y lo tortura. No alegó más causa a su acción que “la pasión por la gloria y la alegría de oír proferir su nombre”. Y que él y solo él era el único dios entre los hombres. Artajerjes lo mandó ejecutar y en las ciudades bajo su reinado se prohibió nombrar, o poner el nombre del ajusticiado a ningún descendiente de su pueblo bajo pena de muerte, lo cual, evidentemente, no bastó para borrar de la historia ni el nombre ni tampoco la acción.

En cita del escritor romano, Valerio Máximo: “Se descubrió que un hombre había planeado incendiar el templo de Diana en Éfeso, de tal modo que por la destrucción del más bello de los edificios su nombre sería conocido en el mundo entero”. También el escritor e historiador griego Teopompo reseñó el incendio y registró para la historia el nombre de Eróstrato. Escritores que han mencionado en sus obras a Eróstrato están: Miguel de Cervantes, Víctor Hugo, Antón Chéjov, Jean-Paul Sartre; Miguel de Unamuno, Julio Verne y Lope de Vega, entre otros, por lo que es imposible no pasar a la historia como quería Artajerjes.

La acción realizada por Eróstrato, y su intención de lograr la fama a cualquier precio ha tenido su resultado en la actualidad. En el ambiente académico de la psicología se denomina complejo de Eróstrato al trastorno según el cual el individuo busca sobresalir, distinguirse, ser el centro de atención. Del nombre de Eróstrato se acuñó el término “erostratismo”, que según el Diccionario de la lengua española significa: “Manía que lleva a cometer actos delictivos para conseguir renombre”.

Y usted, amable lector, ¿conoce a alguien que no importa si se habla bien o si se habla mal de él, lo que interesa es que se hable?, si es así, tiene el complejo de Eróstrato.

Imagen: facebook.com/I'mAFuckingUnicorn

Jorge A. Rodríguez y Morgado
Twitter @jarymorgado
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conoSERbien; www.sabersinfin.com

 

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