Minuto a Minuto

RADIO Sabersinfin.com

23 de septiembre de 2017

Vista objetivamente, la celebración de las llamadas “fiestas patrias” no se diferencia de otras mascaradas temáticas a lo largo del año, tanto las de alguna manera estipuladas –usualmente por el interés mercantil-, como las surgidas espontáneamente de una necesidad imperiosa de manifestarse o incluso del puro gusto de hacerlo, como el cosplaying.

Hasta aquí nada tendría de extraordinario, escandaloso o siquiera cuestionable, pues todos tenemos derecho a vestir y comportarnos como nos dé la gana. Pero en este caso particular hay algo más, comenzando por su carácter virtual o, mejor dicho, moralmente obligatorio, que lo hace sentirse a uno, sin importar dónde vaya o se encuentre, en un set cinematográfico de película de charros, con toda su parafernalia: utilería, vestuario, lenguaje y hasta exabruptos o exclamaciones.

Antes de continuar, y como viene al caso, les comparto aquí una anécdota francamente surrealista ocurrida a un amigo hace más de treinta años cuando, por motivo de un posgrado que realizaba en San Francisco, California, tuvo que hospedarse en casa de un norteamericano, aunque de padres mexicanos, que se hallaba “decorada” totalmente a lo Speedy González… ¡incluyendo los sarapes clavados a las paredes! Y en la que además, como no podía ser de otro modo, el estéreo estaba encendido todo el día –y a todo volumen, por supuesto-, reproduciendo continuamente “música vernácula”, al grado de que el stress acabó por provocarle una crisis nerviosa, durante la cual no pudo levantarse de la cama, permaneciendo sentado y cubriéndose los oídos con una almohada. “¿Te imaginas lo que es para un músico estar en una situación así?”, añadió, subrayando lo patético de su experiencia.

Es esta estrecha visión “nacionalista” de la vida lo que muchos, con extrema ligereza, llaman “identidad nacional”, sin pensar siquiera si esto es ontológicamente posible o, cuando menos, políticamente deseable, pues sería equivalente al totalitarismo, en que cualquier rasgo físico o expresión cultural que no se ajuste al estereotipo oficial u oficioso vigente, fuera causa suficiente para excluir a quien lo manifieste de la convivencia con los demás. Sólo imaginen qué sería de aquellos mexicanos que no fueran a la vez guadalupanos, futboleros y fanáticos de la canción ranchera… ¡ah!, y sin olvidar el indispensable componente sexista de muy MACHOS -o su complemento, HEMBRAS…, como en la conocida canción-. Una “identidad” (¿?) programada incluso en gente bastante normal… en circunstancias normales, pero que aflora cuando la ocasión es propicia: la Psicología de masas al servicio del Poder.

Pero en definitiva, ¿qué es sustancialmente esa supuesta identidad nacional? Sólo una construcción ideológica arbitraria, pero impuesta -como es lógico- por el Aparato ideológico de Estado, tanto formal -la Escuela- como “independiente” -los medios y similares-. En el caso que nos ocupa, tuvo su origen en una época relativamente reciente: el periodo cardenista, no por casualidad la misma de la consolidación del Partido oficial, cuando una parte de la intelligentsia –pintores, escritores, cineastas, antropólogos, etc.- elaboró su ideología de legitimación: un nacionalismo a modo, impuesto y difundido siguiendo tanto el modelo staliniano de “cultura del Pueblo” como las técnicas de la industria fílmica hollywoodense, estrictamente contemporáneos.


¿Y qué del vasto y riquísimo mosaico cultural existente, abigarrado y contradictorio, lo mismo ancestral y tradicional que actual y contemporáneo –de esa época y posteriores- que corresponde a una población tan diversa, con tanta historia y en un territorio tan grande como nuestro País? Pues el régimen simplemente lo excluyó, llegando incluso a perseguir a quienes se manifestaban culturalmente de otras maneras, como los jóvenes que, desde los ’60 y ’70, no ocultaron más su desagrado con el estereotipo oficial, que alcanza su apoteosis en las fiestas patrionales (sic) que diligentemente organiza la Casta dominante para honrar su propia Mitología: la de su ascenso al Poder.

Y en cuanto a la espinosa cuestión de la IDENTIDAD como tal, aparte de su carácter tautológico –cada cosa es idéntica a sí misma-, permanece abierta a la especulación filosófica.

Fernando Acosta Reyes (@ferstarey) es fundador de la Sociedad Investigadora de lo Extraño (SIDLE), músico profesional y estudioso de los comportamientos sociales.

 

 

Imagen: lajauladelcenzontle.wordpress.com

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