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RADIO Sabersinfin.com

06 de septiembre de 2017

Continuando con esta lectura acerca de la cultura egipcia hay evidencia de muchos cráneos presentaban evidencias de traumatismos dentales, debido, en parte, generalmente a la precaria naturaleza de la vida en esos tiempos y a las continuas guerras. La pérdida traumática de los dientes era continua, la oclusión defectuosa (que no mordían bien y que al momento de cerrar la boca los dientes superiores no encajaban bien con los inferiores) también era corriente o muy común; sin ir más lejos, los cráneos faraónicos presentan a menudo clara evidencia o muestra de protrusión severa de los dientes superiores (dientes inclinados muy hacia adelante). También por medio de los papiros hay muestra de que trataban enfermedades dentales, incluyendo gingivitis, atrición, pulpitis y dolor de muelas. Entre los tratamientos citados hay para curar “las pulsaciones de las ampollas cariofiladas de los dientes”, probablemente algún tipo de inflamación de las encías y para curar “el diente que se corroe en las partes altas de la carne”, se aconseja: “amasar una pasta y aplicar sobre el diente una parte de comino, una parte de incienso y una parte de cebolla”.

La higiene oral no parece  haber preocupado mucho a este antiguo pueblo. A pesar de haberse encontrado en excavaciones y tumbas miles de artículos cosméticos y de aseo, no se ha encontrado ningún cepillo u objeto de limpieza similar. Muchos cráneos muestran abundantes concreciones de sarro con el consiguiente colapso periodontal y pérdida ósea. En ellos no parece haberse hecho ningún intento por eliminar estas acumulaciones tan nocivas para los dientes.

Dos hallazgos curiosos han originado una gran cantidad de argumentos y especulaciones entre los historiadores de la odontología. Uno de ellos es un par de muelas unidas con alambre de oro correspondiente del año 2500 a.C. Ciertos estudiosos han concluido que la atadura fue hecha durante la vida del paciente para fortalecer una muela debilitada en el periodonto , uniéndola a otra más fuerte. Cuando Herman Junker encontró, en 1914, estas muelas en una cámara mortuoria, el alambre presentaba en apariencia cálculos adheridos, lo cual apoyaría su teoría; sin embargo, la muela más floja pudo haber sido unida a su vecina postmortem, para prevenir su perdida durante el embalsamado y entierro del cuerpo. Restos todavía más curiosos fueron descubiertos por Shafik Farid en 1952: tres dientes unidos con alambre de oro. A pesar de que los historiadores de  la odontología han examinado esta prótesis extensamente, no se han puesto de acuerdo sobre a qué tipo de tratamiento corresponde. Algunos han pretendido de qué se trata de un ejemplo de reinserción dental donde el incisivo central derecho actúa como póntico, sujetado por los dientes laterales. Sin embargo, y  dado a que este incisivo tiene la raíz entera, es difícil imaginar cómo pudo ser colocado en la boca sin tropezar con la encía en la zona del diente perdido. Parece de nuevo más razonable que el diente fuera insertado después de la muerte.

Los egipcios hacían todo lo posible por enterrar sus cadáveres en el estado más completo posible, pues creían firmemente que el cuerpo debe permanecer intacto para poder albergar al alma en el mas allá. De todas maneras, el hallazgo confirma que los antiguos egipcios poseían un trepano capaz de perforar un fino agujero en el cuerpo de un diente.

Bibliografía:

Los egipcios pàgina 33, 34 y 35. Historia de la odontología ilustrada de Malvin E, Ring, editorial Mosby/Doyma libros.

Autor: Museo de Odontología de la BUAP.

 

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