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RADIO Sabersinfin.com

08 de julio de 2017

Sí, suena extraño, pues lo que suele asociarse al underground –subterráneo, (semi)clandestino- es la contracultura, aquello que va contra las formas establecidas o vigentes. Aunque podría tratarse también de una errata: la omisión accidental del prefijo “contra” en la palabra “cultura”. Pero no, la expresión es correcta a pesar de lo paradójico que resulte en un primer momento, ya que se refiere a un fenómeno que se presenta en las sociedades cuando la parte educada o, mejor, ilustrada de ellas se encuentra en abrumadora desventaja frente a la inculta o incluso bárbara, como sucede actualmente.

Es, sin embargo, una inferioridad más política que numérica, relacionada directamente con la incapacidad del Estado para garantizar a la población en su conjunto el acceso a los bienes culturales, aunque a veces es algo más que eso, como lo aclara la siguiente anécdota, que me relató un amigo músico hacia 1986:

Resulta que un grupo de ejecutantes de instrumentos de cuerda, dado lo precario de la oferta laboral de calidad en este ramo, decidió entrevistarse con el Gobernador del Estado y plantearle una idea que habían desarrollado. Así que solicitaron una audiencia con el funcionario y se presentaron en la fecha acordada. Éste los recibió y escuchó atentamente, incluso los felicitó por

su iniciativa, pero sólo para en seguida dejar categóricamente establecido que, por tratarse –según él- de un proyecto elitista, su Gobierno no podría apoyarlos, como lo haría si fuera algo “popular” como… ¡el futbol!

(Algo parecido vivimos tan sólo año y pico después otro amigo artista y yo, con una propuesta cultural –bastante accesible en todos sentidos- para el Ayuntamiento local, cuando el flamante Presidente municipal nos canalizó con su regidora de Participación Ciudadana y ésta a su vez con su secretaria quien, diplomáticamente, nos mandó a… ustedes entienden.)

Desde entonces ha crecido la población, especialmente la JUVENIL, una buena parte de ella con educación media-superior y superior, desarrollando un consecuente gusto por la Cultura, sea como dilettante o participante activo, sólo para encontrarse con un  ambiente social que no únicamente no ha evolucionado en este aspecto, sino incluso ha retrocedido significativamente al ir desapareciendo o quedando obsoletas algunas opciones que tuvieron generaciones pasadas.

A pesar de ello, la necesidad de expresarse culturalmente ha llegado a un grado nunca antes visto, pero haciéndolo privada, casi caseramente, aprovechando tanto los contactos personales como los avances en la tecnología de las telecomunicaciones, que permiten el envío de información multimedia directamente a las personas indicadas, sin que la abulia, capricho o censura burocráticas entorpezcan esta indispensable labor, como sucedía hasta hace apenas una generación. (Basta examinar el contenido de las redes sociales para constatar la cantidad de invitaciones a eventos que encajan perfectamente en la categoría de ACTIVIDADES CULTURALES.)

Pero debido precisamente a su naturaleza privada, tales comunicaciones pasan inadvertidas para el público en general, que continúa navegando infructuosamente por el marasmo de los medios, convencido de que al no existir otra cosa, no queda más que resignarse o hundirse en el aburrimiento y/o el “reventón”, la BIPOLARIDAD de moda.

 

Por eso y tratándose de una situación POLÍTICA, como insistí al principio, el paso lógico ahora es informar públicamente y a la vez organizar a la gente para que se acerque a la CULTURA, que está viva y bullendo, así sea “bajo tierra”: UNDERGROUND.

 Autor: Fernando Acosta Reyes (@ferstarey) es fundador de la Sociedad Investigadora de lo Extraño (SIDLE), músico profesional y estudioso de los comportamientos sociales.

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