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RADIO Sabersinfin.com

19 de mayo de 2017

Seguramente muchos se preguntan por qué, habiendo tantas escuelas, maestros y, por supuesto, alumnos, el país se encuentra en condiciones tan deplorables, siendo precisamente el propósito de la Institución escolar mejorar sensiblemente la calidad de vida de sus habitantes a través de conocimientos y habilidades –entre ellas la de convivencia o cívica- que les permita tener CONCIENCIA de las distintas situaciones para dejarlas como están o modificarías a voluntad, según se requiera.

Es ni más ni menos que el enfoque cartesiano, que está en la raíz del concepto moderno de EDUCACIÓN como aplicación práctica del proverbial cogito ergo sum, que vendría a establecer la diferencia entre el sujeto que sólo sigue, obedece o ejecuta órdenes y el que, por el contrario, deja que sea su razón la que le dé a conocer el estado del Mundo objetivo –esto es, el de los objetos- con  los factores que lo determinan y su relación recíproca para, en seguida, construir el mecanismo por el que pueda realizar sus deseos -por definición, subjetivos- en él, pues sin la (inter)mediación racional, éstos no serán más que ilusión.

¿Qué sucede entonces con la denominada “educación” contemporánea, que no habilita a los sujetos para tomar el control de su destino, permaneciendo a merced de burocracias invisibles e incomprensibles o, desde otra óptica, númenes caprichosos y descontentadizos a los que apaciguar o propiciar mediante los rituales apropiados?

La respuesta, sorprendentemente sencilla, es que no se trata de educación sino de algo parecido que no da resultado: el ADOCTRINAMIENTO, cuyo ejemplo más conocido y característico son los llamados grupos de autoayuda, en que una vez el individuo necesitado hace contacto con ellos, sus miembros le revelan un Camino que, con sólo seguirlo, operará el milagro. (Huelga decir que nada lo asegura, como me confió hace años una amiga psicóloga que, si bien empleaba los famosos “12 Pasos” como apoyo en el tratamiento de sus pacientes por adicción, con ella no funcionaban porque no creía en ningún Poder superior.)

Pasa lo mismo con cualquier otro campo en que el sujeto se limita a esperar pasivamente, sin entender cómo o por qué se dan las cosas. Por eso, cuando la educación es simple adoctrinamiento, no se aprecian cambios significativos en el medio, como ahora mismo, en que todo sigue igual: DETERIORÁNDOSE.

La solución no estriba en cambiar de adoctrinamiento, como se ha pretendido en sucesivas Reformas, como aquí en el Estado durante los Gobiernos de los hermanos Ávila Camacho, quienes por ser militares de profesión, quisieron militarizar la sociedad entera, comenzando por la Escuela. (Incidentalmente, de esa época provenía el tristemente célebre Gustavo Díaz Ordaz, que se había desempeñado como Secretario de Gobierno con Gonzalo Bautista Castillo, a quien Maximino le había encargado el puesto y a cuyo hijo, de apellido O’Farril por su madre, se le recuerda por el “bautistazo” de 1972-73.)

Y lo mismo con la(s) reforma(s) de la Era prianista que se inició con el ascenso del Partido Confesional al Poder federal, que también se propone(n) cambiar de adoctrinamiento, pero ya no solamente de los educandos sino de los educadores –buenos o malos- mismos, depurando –esto es, purgando en sentido staliniano- al personal docente actual para sustituirlo por otro (aún) más dócil.

Pero persiste la pregunta del título: ¿QUÉ PASA CON LA EDUCACIÓN?

  Fernando Acosta Reyes (@ferstarey - es fundador de la Sociedad Investigadora de lo Extraño, SIDLE), músico profesional y estudioso de los comportamientos sociales.

IMAGEN: angelaco.files.wordpress.com

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