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DESEMPOLVANDO EL IDIOMA

17 de abril de 2017

El cuerpo humano y el lenguaje se encuentran íntimamente ligados desde fechas inmemoriales. A través de los siglos, siempre ha existido una conexión entre ellos que trae como consecuencia, el surgimiento de expresiones; las cuales son uno de tantos medios que han  permitido hasta el día de hoy comprender, en parte, lo que somos y/o vivimos. Algunas se olvidan y otras se conservan y trascienden a través del tiempo y el espacio. La historia de sus orígenes, entretiene y al mismo tiempo, no deja de causar sorpresa y asombro cuando la conocemos. En el antiguo Egipto y en la Grecia clásica, se relacionaba la personalidad con los rasgos corporales de una persona, pero fue Franz Joseph Gall (anatomista y fisiólogo alemán), quien en el siglo XIX, hizo  famosa la idea: “a mayor tamaño craneal, más desarrollada era la capacidad intelectual”, creyendo que la inteligencia se situaba en la frente; así que, una frente ancha, cuya medida era la de dos dedos mínimo reflejaba lucidez, mayor sentido común y lógica; y estrecha, significaba lo contrario. Desde esta creencia, surge la frase: “tener dos dedos de frente”, que actualmente se usa para referirnos a personas irresponsables y de escaso uso de su inteligencia. Por otro lado, en distintas producciones literarias, el hígado y la bilis representan celos y envidias; se creía que era el órgano donde se concentraban las pasiones y deseos. Es una palabra proveniente del latín ficatum que significa “lleno de higos”. Por la costumbre de alimentar con el higo a animales cuyo hígado se comía. En el mito de Prometeo, el hígado es un negro manjar que las  águilas devoran. La frase coloquial que se desprende de esta historia es “tener hígados”; la cual hace referencia a actuar con ánimo motivado por la decisión y perseverancia. La cantautora Chavela Vargas expresó alguna vez: “Yo amo con el hígado. El corazón no tiene nada que ver con esto”. Las distintas expresiones centradas en órganos y partes  del cuerpo humano, revelan formas de ser y de cómo se interpreta el mundo, teniendo su base en metáforas que hacen referencia al físico del ser humano ocurrentes en el lenguaje popular. En tiempos remotos, el valor, firmeza y coraje, se encontraba en el pecho. De allí el refrán “te lo digo a pecho abierto” o “a lo hecho pecho” para señalar que las personas tienen que asumir las consecuencias de sus actos, o bien, esa valentía y coraje que debe tenerse para hablar con sinceridad.  Con la expresión “cabeza hueca”, como se le dice a alguien que no piensa lo que hace,  parecería que realmente su cabeza carece de cerebro. Sucede que ésta simboliza el espíritu, autoridad y orden; lo superior, la cima; lo sutil, ideas, mente, imaginación y proyección. Cuando se tiene “cabeza dura”, es porque no se quiere entender algo; y si se le “suben los humos a la cabeza”, es un soberbio. Además, si se nos “mete algo en la cabeza” no paramos hasta conseguirlo. Y por si esto fuera poco, con una “cabeza de chorlito”, que por cierto “chorlito” es un pajarito de cabeza pequeña, que no parece muy inteligente porque hace su nido en el suelo a pesar que vienen otros animales y se lo destruyen. Nunca aprende y repite día a día la misma acción. Parece que tiene semejanza con las actitudes de algunas personas que conocemos ¿o no? Estas historias entre partes del cuerpo  y lenguaje, continuarán… 

 

 María Eugenia Morales Carrera

 IMAGEN: entextoyalma.files.wordpress.com

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