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- MASCA LA IGUANA -
Muerto el perro, el gato es el que ladra. Refrán Popular.
Si la muerte está presente como maestra en todo momento de la vida, entonces hay que aprender a morir, y, si se puede, a permanecer.
Mueren las ideas, los sentimientos y las acciones que motivan, se cierran ciclos para parir los nuevos. Todo es un ciclo, la ciudad se muere diariamente de muchas formas tantas como en las que nace.
Con cada difunto la ciudad muere, nace con cada parto, fallece un poco con cada emigrante y renace con cada avecindado, fenece con el árbol caído y se aferra a la vida con la semilla germinada. La ciudad es un ente vivo, por lo tanto es un ente que muere.
Con cada ciclo de gobierno también mueren proyectos y ambiciones, sólo para dar paso a las nuevas. Ahí es un gran parto masivo, algunos contribuyendo con su voto, como la enfermera que acerca el instrumental para la cesárea, otros son los cirujanos que finalmente entregan a la creatura a los responsables de su educación, de su formación. Y a partir de ahí, las virtudes o los vicios de sus mentores se reflejarán en sus actos diarios y los demás gozaremos y padeceremos al ente que muere y nace diariamente.
En todas las ciudades es así, pero como en todo, hay niveles. La presencia de Marcelo Ebrard en la cuenca, especialmente en Tuxtepec representa la oportunidad de ubicar el nivel de ciudad que tenemos y el nivel de competencia de nuestros políticos (hablo de ser competentes, es decir, el nivel que tienen de conocimientos, actitudes, habilidades y destrezas necesarias para el adecuado desempeño de una función, en este caso, la de servir al interés del pueblo, la de gobernar).
¿Qué podemos aprender del Distrito Federal? Todo, absolutamente todo, pues es una ciudad de vanguardia, no sólo la capital del país. ¿Aprenderán los funcionarios que tenemos para poder funcionar? No, no vino Marcelo a ello. Lo trajeron para cobijarse, para arrimarse a la sombra, para coquetearle como meretriz novata, prometiendo saquear las arcas de la ciudad para financiar su campaña en la región, que para ello son autoridades y para ello tenemos nuestra feria de Cepillín, la del diario, no la de la expo, sino aquella que es refleja para el pulso de la ciudad. Nada nuevo, pero con su estilo.
Mientras tanto a Marcelo no pudieron presumirle un centro libre de contaminación auditiva ni visual. Con un ordenamiento vial digno de una de las ciudades más importantes de Oaxaca, no pudieron presumirle, con afán de hacer méritos, de una economía local pujante, de calles, parques, instalaciones inolvidables por su gracia y belleza provinciana. No, pero a cambio le ofrecieron una rotonda pintada con la frase Paz y Progreso. Marcelo se fue, la rotonda, a no ser que la pinten de otra manera, será el recordatorio del nivel de competencia de quienes caravanearon con sombrero ajeno, un recordatorio para el ciudadano que lejos de ser un cumplido, viene a ser, en este momento, una simbólica sonrisa socarrona, de esas que ponen para salir en la foto.
La muerte es una gran maestra. Se muere diariamente, todos los días se puede aprender. La ciudad se nos muere y nos renace y con ello cambia, se transforma, que no siempre, se desarrolla.
De vida, muerte y mañas para la permanencia si alguien sabe, es la iguana prehistórica, que completa ciclos escamosos para seguir con el acertijo milenario cada vez que masca, mientras nos mira, ir de feria en feria.
*Luis Fernando Paredes Porras. Pedagogo, Director del Centro para el Desarrollo de las Inteligencias Múltiples, CDEIM
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