
| Niños en peligro |
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| José Gabriel Ávila-Rivera* | |||
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En una reunión del Comité de la Judicatura del Senado en Estados Unidos llevada a cabo en octubre de 1984, el doctor Roberth K. Keeshan planteó que “La televisión tiene una influencia nociva sobre los niños, en el desarrollo normal de sus actitudes y es una de las fuerzas más poderosas en la generación de valores. Tal vez el peligro más grande que la televisión posee, procede de la continua violencia mostrada, creando una insensibilidad al horror del crimen”.
Imaginar que, si una niña o niño ve la televisión más de tres horas por día, a los 14 años habrán dedicado para su “distracción”, la pasmosa cifra de 15 mil horas frente a la pantalla, es decir, 630 días de pasividad ininterrumpida. ¿Cuál será el resultado lógico de este hábito? La respuesta no es difícil de encontrar: La violencia llega a formar parte natural y sobre todo aceptable en la vida. Constituye un elemento común en nuestra cultura. Pero también nos enfrentamos a otro fenómeno incalificable. Una gran cantidad de “programas cómicos” donde predomina la estupidez de los actores o el sarcasmo irritante de los conductores, genera en los niños ejemplos a seguir. Programas con una serie de constantes sin variedad ni gracia que convierten el pensamiento en algo lento y pesado: los mismos vestuarios; los mismos chistes; las mismas actitudes, las mismas vulgaridades: Siempre lo mismo, sin pluralidad, diversidad, ni novedad, que inviten al descubrimiento. La comunidad científica ha estado atenta a este fenómeno y constantemente se lanzan alertas a través de investigaciones que siempre confirman que la televisión es nociva para los niños. Se ha comprobado que disminuye la sensibilidad, incrementa la agresión hacia otros, invita a jugar con un componente belicoso insustituible, favorece la utilización de la violencia para resolver conflictos, acepta la agresividad como un “estilo normal de vida”, insensibiliza hacia las víctimas de actos violentos y genera imitación. Pero si ya es grave que un niño se personalice en los actos de Bruce Lee, Jaqui Chan, Steven Segal, Arnold Schwartzeneeger, Jean Claude Van Dame o Silverster Stallone (no sé si los escribí bien) es humillante que nuestros niños sigan los ejemplos del “chavo del ocho y el héroe nacional conocido como el Chapulín Colorado”. Que se emocionen con las porquerías y migajas que regala “Chavelo” o que se rían con monólogos insultantes, vulgares y absurdos.
* El Dr. José Gabriel Ávila-Rivera es egresado de la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla, con especialidad en Dermatología y Epidemiología, pertenece"Proyecto de Salud Ambiental y humana" (PROSAH) Departamento de Agentes Biológicos de la Facultad de Medicina de la BUAP. Imagen: loquepodemoshacer.wordpress.org Más de la obra de José Gabriel Ávila-Rivera:
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