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¿Cómo educo en valores?* PDF Imprimir E-mail
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Abel Pérez Rojas**   

“No hablo como hombre, no hablo como mujer.
No hablo como mente.
Uso la mente, pero hablo como conciencia, como testigo consciente.
Y la conciencia no es ni él ni ella, la conciencia no es ni hombre ni mujer…
Así que no me escuches como hombre o como mujer;
si no, no me estarás escuchando. Escúchame como conciencia”
Osho. El Libro de la Mujer


Ante una pregunta que invita a una reflexión personalísima, lo menos que puedo hacer es contestar en ese mismo tenor y hablar de mi experiencia personal.

En los últimos cinco años he vivido muertes de seres queridísimos, cursé estudios de posgrado, he coordinado diversos proyectos, en fin…  ¿Aun me queda tiempo para educar?¿En dónde radica la fuerza que me impulsa a continuar a pesar de la adversidad?

Puedo hablar técnicamente del sustento teórico de la formación en valores, pero, repito, ante una pregunta personalísima una respuesta personalísima.

Cuando hago un repaso de mi vida, me percato de la huella que han dejado en mi persona mis progenitores, personas humildes y honestas. Identifico que he tenido en mi alrededor compañeros, amigos y conocidos de los cuales he admirado y me han sorprendido  por su claridad de pensamiento, valentía y filantropía. También he identificado a aquellos que viviendo anti valores me han permitido probar la amargura del dolor.

En la última década he confirmado una realidad que a pesar de que se puede describir con palabras, es preciso vivirla y sólo después de andar por ese camino se confirmará la veracidad de lo que aquí escribo. De ninguna manera es una senda exclusiva, aunque sí individual, accesible a todo aquel que esté dispuesto a vencerse a sí mismo.

Vivir acorde a ciertos valores, implica no sólo la reflexión e introspección de los mismos, mucho menos la memorización de lo que significa cada uno de ellos, es preciso vivirlos: con el cuerpo, con la mente y con el espíritu.

Aunque a lo largo de la historia han existido corrientes que plantean la existencia del hombre como la culminación de la creación, considero esta postura como parcial; porque aún una visión puramente materialista puede identificar que en el universo existe una infinidad de seres y procesos que no son producto del hombre, que sus mismos descubrimientos científicos han comprobado el origen antiquísimo de planetas, plantas, sistemas, etc. Aún desapareciendo el hombre de la faz de la Tierra la creación continuará.

La cercanía con el nacimiento y la muerte nos orilla a pensar en la temporalidad de la existencia. Sin embargo algo subsiste, un reducto del ser que se reconoce con su origen, el cual está por encima de la existencia, le han llamado YO, conciencia o espíritu.

Ese rincón de nuestro ser permanece, es atemporal, no tiene sexo, está ahí, esperando el momento en que se haga consciente su presencia.
Los cielos podrán desplomarse, las aguas perder su cauce, inclusive la vida peligrar, pero esa parte de nuestro ser que se reconoce eterna permanecerá inmutable y serena.

El mundo del YO, de la conciencia o del espíritu es el verdadero ambiente de concentración del profeta, del mago, del iluminado, del filósofo, del santo o del individuo que no cesa de avanzar en su proceso de humanización. Es ese manantial del que brotan los valores y que sólo su destello perciben las mayorías.

Aquí radica el verdadero reto de la humanidad: reconocer, vivir y descifrar su origen, remontarse a su esencia para poder vivir acorde a él.

Cuando se identifica ese origen, el reto es vivir acorde a él, la dificultad está en hacerlo así, sólo hazlo y no te separes del sendero.

Si el hombre deja de aprender concientemente, se separa del sendero, atenta contra su propio origen, va en contra de su naturaleza.

Trato de educar en valores, educándome, nadie puede dar lo que no tiene. Pretendo propiciar espacios y metodologías que tengan por fundamento lo que he planteado en líneas anteriores: el profundo conocimiento del ser humano.

Después de haber comprobado lo anterior con mi vivencia personal, sería un acto de egoísmo no fomentar los espacios que prentendan sembrar la reflexión, el análisis y la práctica de las virtudes. Intento educarme en valores en el autobús, en los alimentos, en todas partes y a todo momento.

He decidido escribir de esta forma la presente reflexión porque como se ha planteado, sobre la axiología está la cosmovisión, lo que he escrito conforma mi visión de la vida.

*Reflexión escrita en el año 2007

abel perez rojas 5**Abel Pérez Rojas es director general de Sabersinfin.com y catedrático del Centro Internacional de Prospectiva y Altos Estudios (CIPAE)

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