|

Vivimos en una época en la que la información fluye de manera vertiginosa, la televisión, la prensa y, desde luego, el internet; todos ellos nos hacen sentir que sabemos lo suficiente de todos los temas que representan un interés en nuestras vidas. Creemos que tenemos la educación necesaria simplemente porque sabemos de tal o cual tema y no caemos en la cuenta de que estar informado no es sinónimo de estar educado y en ningún aspecto esto es más cierto que en la concerniente a la sexualidad.
La educación sexual no es algo que se aprenda basándonos únicamente en información, cualquiera que sea la fuente, aunque nunca está por demás obtener la mejor información posible, el hecho es que la educación sexual se aprende en la convivencia diaria, es decir, los hombres aprendemos a ser hombres mirando a otros hombres y conviviendo con otros hombres, imitando sus gestos, actitudes y el trato mutuo y con el otro género; normalmente esos modelos masculinos los tenemos inicialmente en el hogar con el padre, hermanos, tíos, vecinos, abuelos y cuanto contacto con varón tengamos desde los primeros días de nuestra vida y hasta el último momento de la misma. Con las mujeres pasa exactamente lo mismo, pero en la convivencia con su propio género con lo que aprenderán los manierismos y actitudes propios de las mujeres.
En este contexto, hablar de sexualidad con nuestros hijos podría parecer a algunos algo innecesario; pero nada más falso, ya que poner palabras a nuestros actos nos permite reorganizar y reestructurar lo que aprendimos en la convivencia diaria, evitando las malas interpretaciones y la elaboración de creencias equivocadas acerca de cómo vivir su ser hombre o mujer.
Pero tranquilo, que no necesitas convertirte en un experto en sexualidad para sentar delante de ti a tus hijos y hablarles de sexualidad, en realidad es mucho más sencillo.
Bastará con aprender un lenguaje más incluyente en el que se hable de los hombres y las mujeres en igualdad de circunstancias, evitando las generalizaciones como “todos los hombres son iguales” o “tenías que ser mujer”, “¿quién entiende a las mujeres?”, “eres como todos”, y un largo etcétera que deja en evidencia tus creencias en torno a tu sexo y al sexo opuesto.
Hablar de sexualidad a tus hijos tiene que ver con el modo en que te refieres a ellos y en que les hablas de acuerdo a su sexo y las oportunidades que les brindas sin distinguirlos por lo mismo. Tiene que ver con el trato que le das a tu pareja y lo que dices de él o ella estando o no presente.
Hablar de sexualidad también tiene que ver con lo que dejamos de decir, por pudor, vergüenza, ignorancia u omisión y con lo que decimos a medias o mal decimos por salir del paso utilizando “sinónimos” para referirnos a eventos que para los niños son bastante conocidos.
La educación sexual, entonces, es un proceso diario, que abarca toda la vida de un individuo y que tiene que ver con conocimientos, pero sobre todo con congruencia entre tu vida y todo lo que dices.
Y si, si sabemos del tema, pues mejor, porque estaremos capacitados para responder de manera veraz y oportuna las dudas de nuestros hijos a sabiendas de que es información que si no obtienen de ti o contigo la obtendrán de otras fuentes esperando que sea adecuada. Así que para qué arriesgarle, mejor hablemos de sexualidad con nuestros hijos.
Agradezco sus dudas y comentarios al correo jesustamariz@hotmail.com
*Psicólogo clínico. Escucha a Jesús Tamariz los miércoles a las 18:00 hrs. en Sabersinfin.com Radio
Añadir esta página a tus sitios web de marcadores sociales.
|