
| Alocución con motivo del Día del Maestro |
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| Adolfo Martínez Sánchez* | |||
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“La educación no es preparación para la vida; la educación es la vida misma”. John Dewey. Reflexionar, hoy, sobre el papel histórico del docente y sobre el futuro de la educación en unos tiempos tan turbulentos en los que los conocimientos devienen obsoletos antes de que la mayor parte de los ciudadanos entren en contacto con ellos, es una tarea inaplazable, de los gobiernos, de las instituciones y de los docentes. Estamos en el primer cuarto del siglo XXI, con unos objetivos claramente marcados por la UNESCO a la educación de los pueblos y da la sensación de que aún existen educadores anclados en el pasado; asistimos, no pocas veces aterrados, al debate de la problemática de la educación, cuando deberíamos hablar de la misma, como parte de la solución a los graves problemas de la sociedad actual. ¿Cuál es el papel del docente en un mundo tan globalizado, tan mercantilista, tan amoral y tan violento. Vayamos por partes, trazando una breve línea histórica que nos ayude a sacar alguna conclusión práctica: El docente no puede ser ya, como de hecho sigue siendo, en muchos casos, el simple transmisor de conocimientos que el alumno puede encontrar en tantos medios de que disponemos en la actualidad. Para adquirir conocimientos no hacen falta instituciones, ni directivos, ni docentes; bastaría una buena biblioteca, dotada de computadoras con internet y los medios que, sin lugar a dudas, irán apareciendo, tal vez mañana o dentro de unos minutos. Ante el progresivo fracaso de la educación, ante la evidente obsolescencia del docente tradicional, aparece en escena la dinámica de grupos, aportación de la psicología, que dotó al profesor de cierta técnica positiva, pero que el abuso de la misma convirtió al docente en auténtico dinamiquero funcional, porque si la educación no transforma al ser, pierde su objetivo fundamental. La historia no se detiene y el siglo XX es el periodo de la gran explosión de la psicología como aportación a la pedagogía, y el consejero personal entra en escena. El docente de este tipo es el que tiene una preocupación casi constante por el alumno, pero pocos conocimientos para tratar asuntos de tipo personal o psicológico. Esta clase de docente llega fácilmente a la sensibilidad del alumno, a sus problemas emocionales, pero al faltarle preparación especializada, con frecuencia agudiza más el problema existente. De ahí el refrán recurrente:”zapatero a tus zapatos”. El movimiento estudiantil de 1968, la caída de muchas dictaduras, el derrumbe de muros políticos, ocasionaron un cambio drástico en las estructuras académicas y el grito de libertad se confundió con libertinaje. Así nació el docente “cuate”. Este genera un ambiente agradable, pero sin límites ni organización; está preocupado por quedar bien con el grupo, por hacerse querer, que descuida el planteamiento del trabajo, las exigencias académicas y el desarrollo humano de sus alumnos. El cuate es bien evaluado, pero en general, al paso del tiempo, los alumnos se cansan de no tener límites y se rebelan, en cuanto son conscientes de que están perdiendo el tiempo. Ello supone: pocos conflictos, pocos problemas, poco aprendizaje, poca responsabilidad, casi nada de educación. ¿Hacia dónde vamos? ¿Cómo debe ser el docente actual? ¿Cómo debemos capacitarnos, todos nosotros, de cara al futuro inmediato? Y tantas y tan variadas interrogantes, difíciles de contestar hoy. Pero algo podemos avanzar: si el profesor tradicional está obsoleto, el dinamiquero se encuentra fuera de sitio, el consejero personal se equivocó de profesión y al “cuate” ni siquiera se le debe llamar docente, pareciera que nos encontramos en el centro de un huracán, de esos que arrasan con todo y por consiguiente que el profesor lo mejor que puede plantearse es salir, en silencio, de la escena educativa. Y eso es lo que desean los enemigos de educar y culturizar a los pueblos, base imprescindible para conseguir un desarrollo sustentable, una paz duradera y una libertad sin violencia. Y como CEUNI sí tiene confianza en el futuro de la educación, considera que los docentes que trabajan en sus planteles, se convertirán, con el esfuerzo de todos, en auténticos paladines de la renovación cultural y educativa. Por todo ello, aquí les dejo, plasmados en estas sencillas hojas, algunos conceptos que, a mi juicio, deben caracterizar al docente del presente con proyección de futuro: • El docente moderno debe estar sólidamente formado en su disciplina y con una disposición permanente de apertura a trabajos interdisciplinares. Para algunas compañeras/os, estas palabras pueden sonarles a reto. Así es, en efecto, para que se cumpla lo que escribió Séneca en el siglo I de nuestra Era: “Largo es el camino de la enseñanza por medio de teorías; breve y eficaz por medio de ejemplos”. Ejemplo que van a ser cada una y cada uno de ustedes. Ahora espero sus reflexiones y aportaciones con el fin de que estas líneas no se conviertan en un monólogo intrascendente. Hacienda San José, Puebla, 23 de mayo de 2011.
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