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specia2.jpgREFLEXIONES CON MOTIVO DEL DÍA DEL MAESTRO

Por: Isabel Specia Cabrera*

No solamente el 15 de mayo recordamos a quienes marcaron nuestra vida en las aulas, frente a un pizarrón o sentado en un escritorio impartiendo clase en las distintas disciplinas propias de la educación escolar. Recordar a buenos y malos profesores es a menudo parte de nuestra vida. Puedo agradecer, este día, a aquellos maestros que me hicieron amar el aprendizaje, sobre todo a quienes me enseñaron a jugar con las letras y a darme cuenta que al unir una con la otra se pueden formar palabras cuyo sonido es grato al oído, palabras que conllevan emociones y sentimientos gratos y en ocasiones tristes y desoladores.

 

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El simple hecho de saber que una palabra puede aliviar el dolor más grande o hacer caer la ilusión por algo, es una situación que a menudo me sorprende. Recuerdo claramente a mi profesora Rebeca de primer año de primaria, buscó con golpes y castigos que las letras entraran en la mente de un grupo de pequeños no mayores de siete años. Sus malas técnicas para transmitir el aprendizaje le permitieron crecer como profesora durante muchos años, lo bueno es que nada dura para siempre. Claro está que en el resto de primaria pude encontrar profesoras como Rayito o Emma que comprometidas con la enseñanza y el quehacer educativo, reformaron la manera de aprender.

 

La llegada a la educación secundaria siempre es un problema mayor en el alumno, aún no podemos superar ese instante en que se rompe el trato como niño para pasar a ser un joven al que debe imponerse disciplina, reglas, límites y de esta forma aquel profesor o profesora que nos dio toda una serie de materias se queda atrás y viene un grupo de profesores que impartirán una sola materia. ¿Será que el profesor de primaria sabe más o que el de secundaria es un especialista? En nuestra mente no entra el por qué del drástico cambio, el por qué del trato tan diferente, pero no hay problema a esa edad lo más seguro es que dominaremos la escuela, maestros, compañeros y hasta directivos, a esa edad somos capaces de todo.

 

También debo agradecer a los profesores que me hicieron odiar a los números, pues de alguna manera influyó en mí su cátedra para que no entendiera el significado de las sumas y restas, para que me viera obligada a involucrarme con las Matemáticas por necesidad, por el hecho de que la materia formaba parte de la currícula que debía cumplir para acceder al grado siguiente y sobre todo para decidirme a buscar una carrera que nada tenía, según yo, que ver con los números y sus complejos usos. Reconozco que hasta la fecha, son mi enemigo.

 

 

Amar la Geografía o la  Biología no es más que el resultado de aquellos profesores que supieron transmitir sus conocimientos de forma tal que llegar al salón de clase a la hora indicada era un gran placer, reflejaba el entusiasmo por estar ahí, en primera fila, escuchando atentamente la formación del sistema solar o de la vida. La Química, Física, e incluso la aburrida materia de Civismo, pude conocerlas gracias a la existencia de un profesor que buscó incrementar los conocimientos de todos los que pasamos por las aulas.

 

Llegó el momento en que sin pensarlo ni planearlo, me plante frente a un grupo para intentar impartir una cátedra. ¡Qué complejo! ¡Qué tarea tan difícil representa la docencia! ¡Qué sensación tan extraña es sentir que en nuestras manos está un grupo de jóvenes que crecerán y aplicarán los conocimientos que nosotros transmitimos! ¡Qué responsabilidad más grande saber que ellos, sedientos de conocimientos, creerán cada palabra que emana de nuestra boca y la tomarán como ley! ¡Qué responsabilidad tan grande!

 

Por ello, queridos profesores, gracias.

 

* Isabel Specia Cabrera es periodista, académica y escritora mexicana radicada en el Distrito Federal. 

 

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