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Masca la Iguana
La probabilidad de hacer mal se encuentra cien veces al día; la de hacer bien una vez al año. Refrán
Somos hijos del diablo y como tales hemos de recibir sus consejos y emular sus acciones. Eso deja leer entre líneas Fernando Savater en su célebre libro “Ética para Amador”. Como lo escribió para su hijo, Amador, trató que su ensayo fuera claro y conciso. Para abrir colocó una frase en la que me apoyo para decir que, según Savater, somos hijos del diablo.
La frase en cuestión dice “escucha hijo mío, dijo el diablo poniendo la mano sobre mi cabeza”y así comienza su ensayo sobre la ética, rama de la filosofía que se encarga del tratado de los valores - la axiología – y la moral. Leída en este contexto, no cabe la interpretación que juzgue de satánica la frase, pues se entiende que habla simbólicamente, tal como Platón lo hizo con sus mitos y Jesús el nazareno con sus parábolas.
Hay quienes nunca recibieron la caricia de un padre o de quien cubriera la figura masculina en su hogar, pero eso no le impide acudir a referentes de películas donde el padre amoroso desea proteger a su vástago de por vida, heredándole su saber, fruto de su experiencia en la forma de un consejo. Colocar la mano sobre la cabeza del hijo es señal de querer enseñarle a gobernarse a sí mismo. Y el diablo, como buen padre que es – a no ser que usted piense lo contrario – debe hablarle así a sus hijos ¿por qué no habría de hacerlo? ¿O es que una persona buena jamás tiene un acto de maldad? Porque podríamos pensar que una persona mala debe tener alguna vez en su existir un acto que muestre cariño, pues desea que su maldad persista, trascienda.
Este asunto de trascender la experiencia es el fondo de la educación en todo el mundo. Las culturas, queriendo perpetuar lo mejor de ellas, lo enseñan a través de procesos educativos. Nadie sabe naciendo ser padre, dice el refrán y siguiendo esta premisa podemos afirmar que nadie sabe naciendo ser diablo, eso se aprende, como casi todo en la vida.
Siendo así, haciendo caso al símbolo propuesto por Savater, cómo hijos del diablo ¿qué cosa nos querría enseñar nuestro padre?, ¿qué desearía para nosotros y para quienes nos rodean? ¿qué deberes tendríamos para con él, para con nosotros mismo y para con la humanidad? Me dijo Felipe Matías, el cronista de Tuxtepec, que el 24 de agosto, decían los abuelos del Sotavento, el diablo anda suelto. Veo la realidad que vivimos y pienso que ya se soltó y no hay quien lo detenga y no por él que debe estar sentado bajo la sombra de almendro, sino porque sus hijos, todos nosotros, aprendimos bien sus lecciones y por ello las ponemos en práctica esperando ser el orgullo del progenitor.
Dice la iguana - que no sabe nada de ética, porque iguana es – que su padre es un garrobo anaranjado y su madre una grisácea iguana, así que ni la embarre con satánicas ascendencias y descendencias, porque su genética tiene más tiempo que la nuestra en la faz de la tierra y que eso del apestoso diablocuernudo patas de cabra, es algo de novedad. Yo la miro mascar y, por si las moscas, rezo.
*Director del Instituto Cultural de Información del Sotavento Oaxaqueño, INCISO.
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